El mundo en mis manos

Nuestra filosofía de vida, a través de este hermoso texto

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

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miércoles, 13 de febrero de 2008

El maravilloso mundo de las labores domésticas

Las labores domésticas, que más que labores son jodiendas domésticas es un tema fantástico.

Se ha llamado de toda la vida labor doméstica a la que uno realiza en casa y por la que no cobra dinero contante y sonante.

Voy a hacer una relación de ellas ordenadas no alfabéticamente, sino en orden de mayor a menor odio hacia ellas .

  • Fregar platos, cazuelas, sartenes y demás: Es la tarea que más odio. Tarea incrementada porque no tengo lavavajillas y porque para que funcione el agua caliente, tengo que abrir diferentes grifos. Para mayor emoción no es siempre el mismo. Abro siempre el del fregadero y voy abriendo primero el grifo que más cerca me pilla. Acabo en la otra punta de la casa, abriendo el grifo de la bañera.
Claro está que cuando cocino, no puedo andar de pateada por la casa limpiando cosas y/o manos nada, y me congelo las manos cada dos por tres.
Tarea odiosa aunque funcionara bien el agua caliente.



  • Hacer las camas: No es que sea mucho incordio. Pero como llevo con lumbago desde tiempo ha, levantar un colchón de matrimonio es una hazaña.
  • Fregar el suelo: Mi casa es toda de terrazo. La primera vez que la fregué, pensaba que el pasillo era interminable.
Me encanta cuando queda todo limpio. Encanto que, con dos cockers, dura más bien poco.

  • Pasar el aspirador: Como soy alérgica al polvo, no uso escoba. Y es una buena faena, porque es buen aspirador.
Lo único que tengo muebles bajos, y lumbago con muebles bajo es otra combinación nefasta. Pero lo soluciono poniéndome de rodillas. Estoy haciendo un máster en rodillología.

  • Poner la colada: La pega es que soy pequeñaja y el alféizar de la ventana del patio de luces, me cae en el estómago.
Me encanta combinar artísticamente bragas y calzoncillos en el tendedero.

  • Poner la lavadora: Esto es muy fácil y siempre me apunto

  • Quitar el polvo: Eso de que polvo eres y en polvo te convertirás es una gran verdad. Está en todos los sitios. Pero es muy cómodo andar con el plumero mágico y ala, a quitar ácaros.

  • Regar plantas: Me gusta. Así, aprovecho para saludar a Dios por la mañana, y hacerme la ilusión de que soy jardinera.

  • Ordenar: Hay que ver lo desastre que soy para el orden. ¡qué fácil es desordenar y qué difícil ordenar!

  • Bajar la basura: si hace buen tiempo, y no estoy perruza, pues me pego el paseíto de 100 mts hasta el contenedor.
Pero si llueve, abrir el contenedor, sujetar el paraguas y tirar la basura, es digno de prestidigitador. Algún día tiraré el paraguas y me cubriré con la basura.

  • Hacer los baños: Como no son muy grandes, la tarea es pequeña y ver relucir el espejo es una pasada.

Dejo las tres tareas que jamás hace mi marido porque no sabe y yo no estoy por la labor de hacerle un cursillo gratuito.

  • Planchar: Es curioso que cuando más calor hace, más cosas hay que planchar. O sea, que en verano te cueces vivo.
Tendrían que inventar una plancha fría. Y que pesara menos. Tengo tendinitis en el dedo pulgar derecho, y, cuando parece que se ha curado, la plancha lo fastidia de nuevo.

  • Coser: Doy gracias al que inventó esas tiras que se pegan a los dobladillos de los pantalones y que hacen que no tenga que coser.
Yo debo de estar mal hecha, porque los pantalones me están larguísimos.

  • Cocinar: Es uno de mis hobbys y la única tarea doméstica que hago con gusto. Procuro no enguarrinar mucho, porque odio fregar, eso sí.
Y como mañana es San Valentín, atentos todos, que hay receta amorosa

2 comentarios:

Azaharania dijo...

¡Y ni te cuento cuando tengas a tu hijo contigo! Yo tengo una lavadora de 8 kg, y pongo una casi todos los días, o sea que imagínate las horas que paso planchando.
De todas maneras creo que en lo relimpias que somos las españolas tiene bastante que ver el machismo hispano.

M.Carmen dijo...

Uffff, prefiero ni imaginármelo, jajaja


Voy a tener que enseñar a mi marido a planchar, aún a riesgo de que me haga algún destrozo, jajajaaj