El mundo en mis manos

Nuestra filosofía de vida, a través de este hermoso texto

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

Libro de visitas

Cumple de nuestro amor colombianito

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Nuestro tesoro llanerito está con nosotros

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Nuestro aniversario de boda: El más feliz lo hemos celebrado con Rafa en Bogotá

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Advertencia a los que insultan

Advertimos a todos los simpáticos anónimos que nos insultan, que investigaremos la IP de donde proceden los comentarios y que tendrán pronto noticias nuestras. En la Red no existe nadie anónimo
Recordamos que la libertad de expresión acaba cuando se hiere el honor de la persona.

viernes, 27 de junio de 2008

1 er contacto con el mar de Rafa

Hoy nuestro marinero de agua dulce ha visto por primera vez en su vida la playa y el mar.


Se lo ha pasado en grande, pero no se despegaba de nosotros.


Yo me he traído de recuerdo de Colombia un ojo de pollo en un pié y ando medio coja aún, así que ha sido su santo padre el aguador.











Ha ido de cine. Un pequeño borrón ha sido cuando ha pedido a su padre que le tirara al agua y justo entonces, ha venido una ola traicionera y le ha pasado por encima. Ha salido sin saber bien lo que le había pasado y con un buen trago de mar, jajajaja.

Luego ya no quería ir solo al mar, sino en bracitos de su papi












Os cuento que Rafa se ha adaptado rápidamente y desde el primer día a España.

Le encanta la tortilla de patatas, la horchata, y la fruta. Se pone morado a ciruelas, cerezas, paraguayos..Claro está que cuando come este tipo de cosas, parece que hubiera matado a un cerdo, por la cantidad de color rojo esparcido a lo largo y ancho de su anatomía.












Lloró 3 noches seguidas en orden descendente en lloros.

Ahora ya no llora. Intenta camelarnos para que vayamos, pero se está tranquilo.

Ya ha oído su primera traca y la ha confundido con un trueno. Nos ha dicho que si iba a llover.





Con las perritas, pues poco a poco va ganando en confianza. Anda detrás de la Ikatz para quitarle la pelota. Pero el problema es que a Ikatz le da aún miedo el trasto de nuestro hijo. Es cuestión de que se hagan amigos.










Ayer fuimos a la pediatra y se portó muy bien. Hizo amago de lloro con el fonendo y cuando le mandó tumbarse en la camilla. Pero luego, como la pediatra le hizo cosquillas, se quedó feliz.

El problema será cuando tengamos que ir a hacerle análisis. Que las agujas son mucha aguja.






Ahora mismo es el juguete del pueblo. Todo el mundo le dice cosas y le regala cosas.

Rafa, según le dé, pues o saluda efusivamente o rechaza las carantoñas.









La abuela está que se le cae la baba. Y cuando le llama yaya tonica desde la calle, vamos que engorda.

















Los tíos de Sagunto, ha pasado que se han ido a pasar justo una semana en Mallorca y vienen el domingo.
La semana que viene conocerá a su primo Juli y a su tía Hermi.








Este fin de semana tenemos comidas con amigos.

Y entonces conocerá al resto de la panda.


Creo que no se me olvida contar nada. Hasta otra

lunes, 23 de junio de 2008

¡Qué bonita es Colombia, y aún mejor sus gentes! (Agradecimientos)


En esta entrada quiero agradecer a las gentes de Colombia su extraordinaria acogida.

En especial, y empezando por Bogotá, a Jairo y Juan Carlos, los taxistas, que nos acompañaron y que, cuando volvimos a Bogotá aparte de llevarnos en el taxi nos acompañaron a los sitios e hicieron de cicerones.







En Villavicencio, estamos agradecidos a Luis y a Giovanni, los taxistas, que también nos hicieron de cicerones, y nos alegraron la estancia.












Reconocimiento especialísimo a Juan Carlos y Mayely, del Piccolo, un restaurante precioso donde se come de cine.











Saludos a Rosario, la tía más marchosa de Villavicencio, fue un placer conocerte, amiga.












Saludos a Pedro y a Edu, los camareros del hotel Don Lolo, y en general a todo el servicio del hotel, que fueno exquisitos con nosotros.










Con cariño recordamos a Nubia, nuestra abogada en Villavicencio













Y también al padre Alejandro, el párroco de la iglesia a la que ibamos. Un hombre cariñoso, encantador y niñero.


















Definitivamente, son una gente maravillosa, que se desvive por ayudar al extranjero, alegres, simpáticos, buena gente.













El paisaje de Villavicencio es precioso












Sus pájaros, unas joyas de Dios.



















































































































































En Bogotá, agradecimiento a las hermanitas de los pobres de San Pedro Clavet. En especial a la hermana Margarita, una asturiana majísima que es la coordinadora del asilo de los abuelos, y que nos enseñó el centro.

Y también a Fabio y a Jhonny, los porteros de la Casa de Encuentros de las hermanitas de los pobres de San Pedro Clavet.

Desde Monserrate, esta bella vista de Bogotá




Con cariño recordamos a Lucila y a Nubia, nuestros enlaces en Bogotá.































Preciosas las fotos de Zipaquirá, una catedral de sal que es la segunda catedral más grande del mundo.































































La iglesia de San Francisco de Asís, una preciosidad dorada


















Nunca os olvidaremos, colombianos. Ha sido un lujazo conoceros.

Curiosidades de Colombia (aventuras y desventuras en Villavicencio y Bogotá)

Mientras véis fotos curiosas de Colombia, empezando por las de Villavicencio, os cuento las aventuras de un para de matrimonios que fueron a Colombia a adoptar un niño.

De momento, el otro matrimonio se encontró antes de partir con que no estaban firmados los documentos de su hijo.

Nosotros, pues nada. Llegar a Bogotá y nos habían perdido la maleta nuestra. La primera noche la pasamos en ropa interior sudada.




Al siguiente día, y con la misma ropa, viajamos a Villavicencio, una ciudad con un intenso calor húmedo.
Nos fueron a recibir al aeropuerto los taxistas y no supimos nada de la abogada hasta después de comer, donde fuimos rápidamente a un centro comercial para comprar cositas para una fiesta con los nanos, que decidimos ambos matrimonios que se hiciera en común.



En en encuentro, una, que es torpe, tira el café del psicólogo y se mancha el pantalón. A Dios gracias era un pantalón desmontable y me quedé en pantalón corto. Y como los cafés de Colombia son tipo infusión ligera, no manchó mucho.





Allí las mujeres van muy ajustadas. Así que a la hora de comprar ropa me las ví canutas. Me compré ropa XL . Pero piratas o pantalones cortos no había. Todo era de lycra y ajustado.


Primera noche en el hotel. Debajo había un bar, que era del alcalde y que puso la música a tope hasta las 4 de la mañana. Luego, siguió la alarma de un coche.
Esta cantinela duró una semana, hasta que protestamos y nos cambiaron de habitación.








Mientras tanto, los zancudos (unos mosquitos) ya se habían cebado con nosotros. Carne fresca.

Surge un problema con mi nombre, que en unos documentos aparece como María del Carmen, y en otros Maria Carmen. Hemos de ir a la notaría, enviar una carta al cónsul diciendo que ambos nombres son míos y tanto monta, monta tanto.





Seguimos con un bonito terremoto. Tan felices descansando en bragas y calzoncillos, y Rafa felizmente durmiendo, y de pronto, la habitación se empieza a mover. Es como si estuvieras en una coctelera, con ruido de fondo, claro está. Mi esposo mantecoso, se sujetó a la cama. Yo salté de ella, pero el suelo seguía moviéndose.
Rápidamente nos vestimos, cogimos el nano, y cagando tomates por el ascensor abajo. 8 pisos de nada. El otro matrimonio estaba en el 9º, y tal para cual Pascual.



Como el tiempo es repugnante, o sea, calor y lluvia, un día fuimos a un centro comercial. Pensábamos que no llovería y decidimos irnos a pie. Nos cayó la de Dios es Cristo.

He de decir, que el niño del otro matrimonio venía con catarro y éste fué pasando de uno a otro.
Cuando llegó a mí, después de haberme remojado, tornó en dolor de oído intenso.
Se pasó después de dos días, para tornar al otro oído, que tenía envidia.


Llega la hora famosa de la firma. Y resulta que el otro matrimonio se encuentra con que la sentencia es de otro niño.
Toca cambiar una hoja.

Vamos a coger los billetes de avión. Pues no, no hay aviones hasta el domingo. Decidimos irnos en taxi.







Error. 179 kms en 7 horas, infringiendo todas las normas de tráfico habidas y por haber. Un túnel de 9 kms a toda castaña, siendo adelantados por camiones con líquido inflamable. De susto.

He de decir que en Villavicencio, las normas de tráfico se las pasan por el arco de triunfo. Los pasos de cebra sirben para que los coches aceleren, e impera la ley del más fuerte.





Por el camino a Bogotá, paramos a comer algo. El taxi echaba humo. Se le había olvidado al taxista tapar bien el depósito del agua, y se había evaporado.

Llegamos a Bogotá y baja el otro matrimonio. Seguimos para nuestro destino, y los taxis se pierden. En una de estas, en un socavón a traición, nuestro taxi lo esquiva. Pero el otro, por lo visto no, y por el walky comunica que se le ha roto el amortiguador.


Llegamos a als 13'30 a nuestro destino. Llama la abogada para ver cuándo puede venir. Estábamos sin comer. Pero estábamos, que algo es algo.

¿Nos puede pasar algo más?

Pues si.







Llegamos al consulado, nos dan unos papeles para entregar a la funcionaria de turno. Se los damos, los revisa, nos dice que volvamos al día siguiente con los pasaportes.











(foto de la mamona, comida típica de Villavicencio, muy rica por cierto)

El otro matrimonio, al llegar a su alojamiento, se da cuenta de que el nombre de los papeles es de otro niño.

Vamos al día siguiente, y claro, el muerto me lo intenta incrustar a mí la empleada de la abogada. Resulta que los papeles que yo dí, había dado dos de la sentencia de mi hijo, y también teníamos los

papeles del hijo del otro matrimonio.

Como los hombres estaban fuera del consulado con los niños (no dejan entrar con bolsos, móviles etc etc etc), ellos son los que se recorren Bogotá (que es una ciudad pequeñita de 15 milloncitos de habitantes) hasta ir a nuestro alojamiento y buscar los papeles.







Toda la mañanita enfangados, qué bien.














Por fin nos vamos. En El Dorado, nos dicen que tenemos sobrepeso. En España nos permitieron facturar conjuntamente. En Colombia no.

La empleada que envuelve en film transparente, nos ofrece bolsas. Por supuesto, que nos tima, pero no tenemos más remedio que aceptar.





9 horitas de viaje de nada en avión y llega con retraso.

Toca carrera intensa entre la T4 y la K no se qué. Como barajas es pequeñito, y con niño, imaginad el plan.

Para colmo, en uno de los registros, nos vamos sin una bolsa. Vuelta de mi marido corriendo en contraescalera mecánica.

Yo, con el carro del nano, corriendo, y a punto de vomitar. Llegamos con 5 minutos de retraso so


bre el vuelo. Pero como había retrasos, nos dió tiempo de ir al baño y acordarnos de Iberia.


(foto de un perro en la iglesia si os fijáis)



Llegamos a Valencia, yupi. Y la maleta grande que sigue sin aparecer. Ya nos temíamos lo peor, cuando por fín, al cabo de 15 minutos, sale mi adorada maleta.


Ya estamos en casa, qué bien se está.



































































foto del retrete del cuidador del parque


























Viaje de Villavicencio a Bogotá

El coche echando humo






























El tunel del terror


























































































Bogotá: Un autobús de perros, que van bien sensatos a la guardería de perros.












La calle de la Fatiga. Buen nombre, porque está arriba del todo del casco antiguo de Bogotá

































Colombia es tierra de esmeraldas. Mi poder económico no es tanto, aparte que a mi el verde no es el color de mis amores (ya puestos, prefiero los topacios)







Una iglesia en pleno centro de negocios



















En Bogotá no existe metro ni tren, pero sí el transmilenio, que es un autobús que va por líneas exclusivas, y que tiene paradas especiales.