El mundo en mis manos

Nuestra filosofía de vida, a través de este hermoso texto

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

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martes, 28 de febrero de 2012

¿Te ajamonas o te amojamas?

Hace un tiempo, oì a una persona de la tele decir: Con el paso del tiempo, o te ajamonas, o te amojamas. Me hizo mucha gracia y de ahí el título de esta entrada


Mi vida, físicamente hablando ha pasado por una serie de fases. 


Cuando nací y en mi tierna infancia, era una bola de billar. No tengo recuerdos de esa etapa, pero sí fotos que atestiguan mis roscas, tan graciosas para la gente.


Más tarde. estiré algo (con metro cincuenta y poco, poco se puede estirar), y durante mi niñez, fui una niña más o menos normal. Aparte, siendo un rabo de lagartija, las pocas redondeces de diluían jugando a pedrada limpia con mis compañeros de clase.


La adolescencia vino precedida de una bronquitis asmática que casi me hace perder curso. Y cuando llegué a ser mujer...empecé a engordar. Nada del otro jueves. Aparte, para contrarestar la infinita feminidad y sapiencia de mi hermana mayor, yo me disfracé de cardo borriquero. Mi ejemplo era Jorge, de los libros de Los Cinco. Así que yo iba disfrazada de espantapájaros, con mi perro.


Llega la etapa de la Universidad, donde poco a poco, y , sin haberlo previsto, empiezo a adelgazar. Claro, que, tampoco me preocupaba lo más mínimo mi tipo, y ni siquiera había considerado que fuera parte de mi personalidad.


Pero, pronto empecé que los caballeros, me miraban con más alegría de la que antes lo hacían. Pero yo, intelectual como la que más, no le daba la mayor importancia. Ya se sabe, que lo importante no es el envoltorio, sino lo que hay dentro. Ideales de la gente que está delgada y que yo pensaba que eran para siempre.


Y un jamón, que se dice.


El deporte y la dieta equilibrada, me mantuvieron en unos alegres 47 kilos hasta los cuarenta años.


Y luego....vino la hecatombe. Poco a poco, fueron añadiéndose los kilos, y, cuando tuve a mi hijo (que es adoptado), mi cuerpo decidió ponerse a criar lorzas ansisosamente. Por lo que se ve, mi cuerpo no se había dado cuenta de que mi hijo no era biológico y se entusiasmó.


Poco a poco, el espejo se me fue haciendo más difícil de ver. Y le quité las pilas a la báscula, por supuesto.


Estos ideales de que lo importante es lo de dentro y patatín y patatán, se han quedado en el cajón. No me gusta estar gorda. Y ya está ¡qué leche!


Claro, que los que me leéis pensaréis que tengo un tornillo flojo. Porque sí que pongo fotos mías en internet. Lo hago por los viejos tiempos, porque no quiero cambiar de opinión así porque estoy gorda. Y porque sigo pensando que lo importante es el interior, aunque el exterior empiece a ponerse fofo y blandito como un flan.


La única ventaja que le veo, es que mi papada me sirve de caja de resonancia y canto mejor. ¿Habéis visto los monos aulladores, que usan su papada para pegar berridos?. Pues igual yo.


El resto....Empiezo a usar cosas flojas y bragas de cuello vuelto tipo faja.. Y esto también es fruto de la comodidad. Está volviendo el cardo borriquero asexual. 




Aún y así, cuando el otro día me ví en el video de la escuela, casi me da un pasmo, del susto que me dí. ¡Dios!¡ ha llegado una vaca suiza a la escuela y soy yo!.


Por eso, ahora he llegado a la conclusión de que el paquete también importa mucho, aunque no es lo más importante.


Pero, como el interior está en plena forma, pues da grima ver el exterior. Y, la verdad sea dicha,  no es un consuelo muy grande que el interior esté de lujo. Porque, queramos o no, lo que enseñamos a la gente, es el exterior.


En fin, que está claro que yo me estoy ajamonando


¿Y vosotros?