Dormí 4 horas y mi hermana seguía dando la matraca.
Paseamos por el pueblo, comentando cosas con mi hermano.
En el bufet, mi hermana siguió comentando a mi suegra mis virtudes. Yo no pude más, me levanté y quise irme. Como no era cuestión, le dije airadamente que o dejaba de meterse conmigo, o se iba a Bilbao en autobús.
Ella negó que se metiera conmigo, cosa que mi suegra rebatió.
Al final, se calló, pero yo estaba de los nervios y con los ojos llenos de lágrimas.
Salí afuera con mi cuñada, la mujer de gafas, y le conté mis penas. Un desahogo temporal
Por la noche, fuimos a dejar nuestras perras en casa de unos amigos,
A la vuelta, estaba mi hermana siguiendo con la matraca. No pude más, y estallé. No he dicho tanta barbaridad junta en mi vida, incluyendo blasfemias varias. Estuve a punto de llamar a la policía para que la echara de casa. Si se hubiera callado a la primera, no habría pasado nada. Pero ella, se pone gallito y se cree que los demás somos idiotas.
Se fue al dormitorio, y mi marido fue más tarde a decirle que no quería oírle hablar más o se iba en autobús.
Yo me puse a llorar presa de un ataque de nervios. Estaba agotada de los 3 días de aguante
El viaje del día 2 fue tranquilo, a Dios gracias. En Zaragoza, ella se fue a comer a otro sitio distinto del que vamos nosotros (nunca está de acuerdo con nada)
Llegamos a casa. Estaba llena de suciedad. Pero ella no limpió en la semana que hemos estado.
Aquí estamos con los regalos de Reyes.
Aquí se añade mi hermana, la madre de mi sobrino.
Nos han regalado una lámpara infantil y unas copas.
Mi marido me ha regalado un masajeador con infrarojos y una cruz de plata, y yo a él un chándal
Comimos en casa de mi hermana
Comimos de cine, y nos lo pasamos bien