¡Cómo echaba de menos pasear, oler, mirar!
Ayer, en la tertulia vecinal de las 20h, se discutía sobre por dónde ir. El

Por cierto, que lo de mi perro no fue absolutamente nada, un rasguño. Pero pudo ser mucho más serio. El animal llevaba un susto importante. La veterinaria nos llamó y nos dijo que no era nada. Suerte tuvimos. El animal que atacó a mi perro es inmenso, un cruce de mastín con otro bicho inmenso. Podía haber pasado un desastre.



Monísima y conjuntaba con el entorno.
Se notan las lluvias porque las zonas no pavimentadas están llenas de hierbajos. Me encantan los caminos sinuosos con hierba.



Según volvíamos del paseo, vimos gente que, como hormiguitas salían a la primavera. Todos decían: ¡por fin salimos!


De paso, dimos una vuelta de inspección al pueblo. Llegamos a la plaza de la iglesia a ver si estaba arreglada pero no. Un selfie sin querer, que ha quedado muy chulo, con el palacio al fondo

Por fin se acaba este encierro, que ha tenido cosas muy buenas y otras, no tanto.
Me quedo con las buenas: he conocido a mi primo, hemos estando pasando buenos momentos vecinales.
Las malas, pues, estar encerrados no gusta a nadie. Y el mardito dolor de brazo que, como colofón al desconfinamiento, ha tenido que opinar.
Estoy muy bien. Hoy será mi último voltarén. Muchas gracias a todos por vuestras palabras.