Va a llamarse siempre así en honor a Ella.
Va a ser el chal que siempre lleve en su festividad.
Pasará el tiempo: me haré mayor, dejaré la coral ( o no, Dios sabrá), mi hijo dejará el nido, tantas cosas pueden pasar. Pero el chal seguirá conmigo hasta la hora de que me vaya con Dios y me acompañará para en la otra vida, dárselo de regalo a la Virgen
Después de esta introducción tan trascendente, pero que tenía muchas ganas de hacerla, voy al chal, del que estoy muy muy muyyyyy orgullosa.
La primera foto ha sido después de lavarlo, pues estaba pelín sobado.
Aquí lo tenéis extendido, y se ven los dibujos de rombos
Segunda fase: bloquearlo, o darle forma. Lleva ondas, así que lo he sujetado con pinzas.
Se ven en el fondo del plástico amarillo los motivos del chal: rombos, cenefa a punto bobo, cenefa a calado simple, motivo de diamantes calados, calado simple, cenefa a punto bobo, motivo segundo de hojas con sus cenefas calados, y diamantes y tercer motivo que le llamo yo de casitas y ondas
Con el tiempo lluvioso que hace, no se secó demasiado; lo justo para que las ondas estén formadas
Sobre el fondo rojo destaca muchísimo
Y aquí con la maniquí que soy yo, vestida de negro para la ocasión.
Me parece increíble que esté acabado y que lo haya hecho yo.
Llevaba un par de años que lo había visto y no me atrevía a hacerlo. Verlo me hace una ilusión bárbara
Clásica foto de alas de pájaro que le digo yo.
Aunque no lo veáis, faltan por rematar algunos hilos.
Entre ovillo y ovillo he usado una técnica que me enseñó Ana de Planeta Piruleta. Coso los cabos entre ellos. Como he usado Katia Austral, es fácil.
Y, como no me puedo dar un beso a mí misma, espero que me los déis todos y todas y así mi ego sube, sube y sube