En esta entrada quiero agradecer a las gentes de Colombia su extraordinaria acogida.
En especial, y empezando por Bogotá, a Jairo y Juan Carlos, los taxistas, que nos acompañaron y que, cuando volvimos a Bogotá aparte de llevarnos en el taxi nos acompañaron a los sitios e hicieron de cicerones.
En Villavicencio, estamos agradecidos a Luis y a Giovanni, los taxistas, que también nos hicieron de cicerones, y nos alegraron la estancia.
Reconocimiento especialísimo a Juan Carlos y Mayely, del Piccolo, un restaurante precioso donde se come de cine.
Saludos a Rosario, la tía más marchosa de Villavicencio, fue un placer conocerte, amiga.
Saludos a Pedro y a Edu, los camareros del hotel Don Lolo, y en general a todo el servicio del hotel, que fueno exquisitos con nosotros.
Con cariño recordamos a Nubia, nuestra abogada en Villavicencio
Y también al padre Alejandro, el párroco de la iglesia a la que ibamos. Un hombre cariñoso, encantador y niñero.
Definitivamente, son una gente maravillosa, que se desvive por ayudar al extranjero, alegres, simpáticos, buena gente.
El paisaje de Villavicencio es precioso
Sus pájaros, unas joyas de Dios.
En Bogotá, agradecimiento a las hermanitas de los pobres de San Pedro Clavet. En especial a la hermana Margarita, una asturiana majísima que es la coordinadora del asilo de los abuelos, y que nos enseñó el centro.
Y también a Fabio y a Jhonny, los porteros de la Casa de Encuentros de las hermanitas de los pobres de San Pedro Clavet.
Desde Monserrate, esta bella vista de Bogotá
Con cariño recordamos a Lucila y a Nubia, nuestros enlaces en Bogotá.
Preciosas las fotos de Zipaquirá, una catedral de sal que es la segunda catedral más grande del mundo.
La iglesia de San Francisco de Asís, una preciosidad dorada
Nunca os olvidaremos, colombianos. Ha sido un lujazo conoceros.