Un día, que en mi pueblo, en una mañana soleada, los petardos alegran la mañana.
El virus intestinal está calmadito y sólo me queda algún rastro. Aún ando con diarrea, que no da demasiada guerra, porque sigue los ciclos normales. O sea, que no estoy todo el día pegada a Roca.
Mi estómago, que es el que normalmente se escacharra, está bien. Yo para esto sigo una norma: miro la comida y si la rechazo es que no estoy bien. Pero ayer, se me iban los ojos detrás del chorizo. Norma básica de que estaba bien. Pero tengo sumo cuidado y no me empapuzo y tengo mis Infudigest a mano.
En fin, que mis penas son mínimas y soy una mami más o menos en forma, a la que le toca hacer la paella del domingo. En fin, cosas de tener dos mamitas, no, manitas.
Y de buena mañana, mi marido y yo nos hemos planteado lo útiles que son los chales. Porque sirven de colcha divinamente. Y pensando en colores, nos hemos quedado con el amarillo. He buscaco en Ravelry y he encontrado uno divinísimo. Es este. Que, como el verano es largo y voy a tener mucho tiempo, pues es una manera de hacer cosicas.
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