La misa era como siempre, a las 11. Yo no tengo una smart tv (el nombrecito me lo ha dicho mi marido) y tengo que verla en el ordenador. Tengo una buena pantalla, pero no es lo mismo.
Se me encogió el corazón, de verdad. Me puse muy triste, al ver que, en una fiesta tan bonita, sólo el cura, en la ermita de Faura, celebraba la misa. Me tuve que ir del cuarto del ordenador, con una media llorera de aúpa. Mi hijo, lo entendió, menos mal.
Y, claro, ayer, cuando estaba sola, aún me duraba la tristeza. Pero ¡Oh, sí, corazón sonríe, esconde tu infelicidad! Igual que el clown al reír pone un disfraz a su amarga verdad (es una canción)
De juniors también enviaron muchas fotos. Yo que me dejé los cuernos en una palmera, y todos han hecho la más fácil. Con mi torpeza, como dice Lorenzo Caprile, tiene un buen lejos. Pero como te acerques....

El caso es que tengo perro y gato. Y con ellos no te aburres nada. Sobretodo con el gato, que no sabe estarse quieto.

El caso es que más veces es el gato el que juega con el perro. Cuando se pasa, y le da más fuerza al mordisco y el perro se queja, el gato le lame.
La verdad es que siempre están juntos. El gato se acomoda en el perro, apoya su cabeza en su barriga, y tan contentos.

Os cuento que ya he puesto el arco iris en mi balcón. Y, jajaja, lo tengo puesto al revés, lo que pasa es que de lejos no se ve. Los nudos, aunque pequeñitos, están. No pasa nada. En 3 semanas le doy la vuelta y ya está. Está cogido con alfileres, porque quiero que sirva para muchas cosas: de salvamanteles, de cuadro, de lo que quieras usar. De
momento sirve para la esperanza



Las fotos oscuras, son de ayer. Las iluminadas, de esta mañana