Está claro que las suegras no tienen buena propaganda por ningún sitio.
Pincha mucho, al igual que muchas cosas que hieren actualmente.
El terrmoto de Haití es un ejemplo de hipocresía humana.
Nadie se ha preocupado por ese país, por sus infraestructuras ni por la gente que moría de hambre sin los más mínimos cuidados.
Para colmo, los campesinos se empobrecieron al poner el precio libre y entrar a saco al mercado haitianoel mercado estadounidense.
Y ahora, vienen las lágrimas y la falsa compasión.
A menudas horas, mangas verdes, que se dice.
A veces la gente se olvida de que Haití y Santo Domingo son una misma isla.
Y también que en esa mismísima zona sísmica, se han producido terremotos tan o más fuertes que el de Haití.
Pero, como se han tomado las debidas precauciones, los daños no han sido ni mucho menos tan desastrosos como en Haití.
Ahora vienen los americanos, en plan peli, a poner orden. Que digo yo que han estado muy calladitos viendo como Haití se descomponía con un gobierno que no gobierna y con una policía corrupta. Que les venía muy bien a sus intereses.
Lo malo de esto, es que ya ver montones de muertos por todas partes, ni me emociona. Tanta barbaridad satura.
Y hasta mi eurito de solidaridad me parece un tapamierdas estupendo, que anestesia mi alma.
En fin, ójala que esto haya servido para algo. Que lo pongo en duda, y vendrán más terremotos o tusnamis, o reventará un volcan y depende de dónde sea, habrá muchos muertos o ninguno.
Hasta en estas cosas el dinero importa