Ayer por la mañana hice una tortilla paisana. Le metí espinacas, espárragos verdes, zanahoria y judía verde.
Por la noche, hice esta pizza. Lo verde son otro montón de espárragos verdes troceados.
La pizza lleva:
Salsa napolitana (ya hecha, de bote)
Queso en lonchas curado
Jamón york en taquitos
Espárragos verdes troceados (de venta en Mercadona)
Tomate en rodajitas
Queso emmental rallado
Los gigi son un tipo de pasta que tiene forma de trompeta. Como no sé italiano me imagino que ese es el significado.
Pochamos un poco de cebolla finita, junto con zanahoria finita, añadimos un par de rodajas de chorizo finitos, sofreímos y añadimos los consabidos espárragos (dan mucho juego). Con todo esto hacemos una bechamel.
A medio cocer, le añadimos unos taquitos de jamón muy picaditos. Salamos y ponemos orégano, perejil y un poco de nuez moscada.
Cocemos los gigi. Salseamos y cubrimos con queso rallado. Gratinamos.
Listo
Os cuento que esta semana ha sido relativamente tranquila menos el día que hice pescado.
Hice un bacalao en salsa negra con langostinos, y Rafa se cerró en banda. Cuando pone unos ojos neutros, sabes que no hay nada que hacer. Y claro, se fue castigado al dormitorio.
A media tarde, dijo que quería comer. Y le calenté el pescado. Nada de nada. Otra vez al dormitorio.
A eso de las 6 de la tarde, dice que sí quiere comer. Y tres cuartos de lo mismo, después de estar media hora con el santo pescado. Ya no pude más, y le aticé dos palmadas en el culo y al dormitorio.
Saqué yo a la perra, y mi marido le duchó. Juan le preguntaba si al día siguiente iba a comer pescado y él decía que no.
Llego yo de sacar al perro y Rafa seguía berreando. Tiro por la de enmedio y le quito sus juguetes. Al cabo de un rato, decidimos ir los dos a explicarle las cosas: Los niños buenos tienen regalos y premios, y los niños malos nada de nada.
Llega el día siguiente, jueves, día que teníamos que ir al Lidl a comprar cosas para él. Se levanta y ya dice que se quiere ir al dormitorio. No quería comerse el pescado.
Mi marido estaba ya al borde del cabreo inmenso. Llego yo, y hago como que llamo por el móvil al hospital, para que le pongan con aguja gorda una inyección de pescado. El móvil estaba apagado, pero daba igual. A la vista de esto, se decide a comer. Y un cuarto de hora más tarde, por fin acaba de comérselo.
Luego, claro, tenía más hambre que el perro de un señorito, y se puso a tragar todo lo que tenía a mano.
Es increíble lo cabezón que puede ser, porque hambre tenía pero podía más su testarudez.
El resto de la semana no ha dado problemas, claro está, porque no había pescado
Veremos la semana que viene, donde pondré bricks de salmón y queso, mucho queso