Como nuestro director habitual no estaba disponible, llamamos a Robert Ferrer, que, como siempre, fue tan amable de dirigirnos.
Y ya de paso, nos dio entradas para el concierto que iba a dar ayer la Joven Orquesta de la Generalitat Valenciana en el Palau de les Arts Reina Sofía.
Para los que no sepáis ubicarlo, está en la Ciudad de las Ciencias y es el edificio en forma de Casco de griego.
Teníamos muchísimas ganas de verlo por dentro, y sobretodo, el auditorio, del que nos habían hablado maravillas.
Yo fui más vulgar y dije ¡Jroña que Jroña!
¡Qué auditorio, mare meua!
Pecata minuta porque nos dispusimos a oír el concierto.
Primero, la suite número 2 de Stravinsky, dirigida por Isaac González
Rafa, para nuestra sorpresa, estaba muy atento y se lo pasó de cine
Siguiente: Sordas insignias de la sombra, de Voro García, dirigido por Pilar Vañó.
O sea, concierto de gatos enfadados porque se les ha pisado la cola, en chirrido mayor.
Nos entretuvimos en mirar cómo los percusionistas, cobraban su sueldo tocando los más variados instrumentos.
Mi pobre hijo, se aburía y, como es niño, no sabía disimular, como hacemos los mayores.
Mirando el programa, la obra tenía una gran explicación.
Me recuerda esos cuadros que son rayajos y que tienen unos títulos enormes.: Tarde soleada de un día de otoño en que cogí la gripe. Y que luego, te explican que los rayajos son la sinopsis de la hipotética y suscinta impresión inmaterial de conceptos abstracos teóricamente hiperextranaturales.
Igualico que en esta obra, ché. No te enteras de nada. Pero, como sorda no estoy, aquello era todo disonancia.
Pero debe de ser que yo no entiendo de música ni de arte. Seguro.
Después del asunto gatuno, receso de veinte minutejos para ir al baño y sacar las fotos tan espectaculares que véis.
El sitio es alucinante.
Llega lo bueno bueno, de pata negra.
Robert Ferrer, un jovencito de Faura con un talento inmenso, y del que estoy enamorada platónicamente, dirige la orquesta.
Primera parte: Idilio de Sigfrido de Wagner.
Nada de percusión con una música que llega al alma.
Segunda parte: Soirées musicales Op 9 de Benjamín Britten (sobre temas de Rossini)
Rafa se pensaba que la marcha era la marcha Radetsky, y comenzó a dar palmas acompasadas.
Me reí mucho.
Rafa se lo pasó muy bien, porque son movimientos cortos y muy animados.
Se acaba el concierto y aplaudo a rabiar.
Rafa se ha portado de total lujazo y ha disfrutado un montón.
De hecho se fijaba en los arcos de los violines, y los imitaba.
Salimos y era espectacular la vista nocturna
Por cierto, que hasta los pomos de las puertas eran de diseño
Un sitio mágico, maravilloso
Aquí véis l'Hemisféric, el Museo, y el Arpa (o jamonero, a gusto)
Fantástico el puente de Monteolivete y los edificios iluminados
Por dentro, una armonía de luces y formas, preciosísimas.
Era tarde y no nos podíamos entretener demasiado, porque Rafa tenía que cenar y ya había estado el pobre bostezando de cansancio.
Foto, desde dentro, del Tiburón (yo le llamo así)
Última foto en la que se ve l'Umbracle.
¡Qué noche más bonita he pasado!
He escuchado la música que me gusta en uno de los lugares que mejor acústica tiene del mundo. Y en un edificio fantástico.
Estoy en compañía de mis dos amores: mi marido y mi hijo.
Velada fantástica.
¡Gracias, Robert!