Había una vez un cocinero que, a lo largo de años, había inventado recetas.Decidió publicar un libro. Lo hizo, y sacó buenos beneficios.
Uno de los compradores era cocinero también.
Hojeando el libro vio recetas que le vinieron bien y las añadió a la
carta de su restaurante.
Algunos envidiosos dijeron:
¿Es que no tiene recetas propias y tiene que poner las de los demás?
¿Se cree que es buen cocinero?
Pues sus recetas son malísimas
¡Qué cara más dura tiene! ¡Poner recetas que no son suyas!
Segunda parábola:
Había una vez una persona que tejía bien. Con lo que tejia, publicó un libro.
Muchos lo compraron y sacó buenos beneficios
Una tejedora que lo compró, lo hojeó y ojeó y decidió añadir algunos diseños a su lista de cosas que podían encargarle.
Salieron gente envidiosa y decían:
¿Es que no tiene diseños propios que tiene que tejer los de los demás?
¿Se cree que es buena tejedora?
Sus diseños son feísimos
¡Qué cara más dura tiene! ¡Tejer cosas que no son suyas!
Tercera parábola:
Había un hombre bueno sabio que siempre ayudaba a todos los que iban a su casa. Venían de todo el mundo y el hombre aconsejaba, ayudaba. Todo el mundo le decía que era bueno.
Un buen día, el hombre tuvo problemas económicos y entonces, pidió a los que quisieran que le dieran una moneda.
Entonces algunos egoístas empezaron a decir:
¡Què cara más dura tiene! Mira que pedir una moneda...
Se piensa que es buen médico
¡Qué decepción! Yo pensaba que era bueno, y ahora es un pesetero..
En las 3 parábolas, los envidiosos, los egoístas en su vida normal se descargaban música y películas de Internet gratis.
Asi mismo, cuando una dependiente les daba la vuelta mal, y les daba más dinero, no decían nada de nada.
El que tenga oídos, que entienda