Este mes ha comenzado divinamente.
Me levanto con un dolor de cabeza impresionante. Me tomo el antalgín con su opirén y me vuelvo a la cama.
Y cuando me vuelvo a levantar, me empieza la temblequera, una desganas inmensa. Desayuno a duras penas.
Intento sobrevivir, pero nada, me tiemblan las piernas, estoy como si me hubiera pasado un camión por encima. Fatal, fatal, fatal
Pienso que estoy incubando la enfermedad que me va a llevar a dialogar con el Creador, y me entra un ataque de pánico.
Sigo en la camita, con una buena manzanilla y nada, que cuando intento levantarme, unas ganas de llorar, una sensación de agobio y de cansancio bestial
Y hoy justo que tengo que cantar la misa de Jueves Santo. ¡Qué mala suerte!
Me voy a Urgencias y ......Tensión bien, el catarro sigue su curso descendente. Tengo astenia. Manda narices la tontería. Se parece al pedo atravesado: uno piensa que está muy grave y es una tontería.
Como ya me había yo comido la cabeza bastante y en vista de que aún voy a permanecer entre los vivos, me cambia el chip. Ya no me muero pero sigo estando echa puré.
Me dan Denubil.
En la farmacia, me dicen que hay gente a porradas. El maldito cambio horario y el cambio de tiempo (por fin es primavera en el Corte Inglés), unido a que he tenido algún disgustillo (que ya no lo tengo, pero se me queda en el cerebro, claro) y algún que otro problemilla de conciencia (del que hablaré con la persona que está capacitada para escuchar), pues ala, Astenia al cubo.
Pero me revienta que un problema de luz y que es mental, me jorobe la vida y me imposibilite hacer las cosas.
He llegado a casa y sacando todas las fuerzas (total, no es físico el problema, no me voy a deslomar) me he hecho mi lasañita de acelgas y queso.
Y ahora dicho lo cual, os explico que la bolsa tan chula que véis me la ha regalado Plátano de Canarias, por contestar una encuesta sobre plátanos y aguacates. Que siga la racha de regalos, por favor.