
Como todos los lunes, fuimos a hacer la compra. Y cuando estábamos en la panadería, dice la panadera: ¡Anda, un loro!. Miro y no era un loro sino un precioso guacamayo.
Me encantan y me acerqué al señor y le pregunté si picaba. Y el amo, me dijo que no. E ipso facto, el bicho se me subió al hombro, e intentó quitarme las gafas. Por eso llevo las gafas en la mano. Saludó con un. Hola. Nos divertimos mucho. Totalmente improvisado, no me podía imaginar yo que se me posara un guacamayo en el brazo.
Luego, nos fuimos a casa y a preparar la tortilla fusión de quesos. Habíamos quedado para las 12 de la mañana.

El día precioso y Amparo nos estaba esperando a la puerta de la casa. Entre bebida y charla se nos hizo la hora de comer. Nos hicimos una foto, y ¡a comer!.
Yo llevaba la tortilla; Ade, una ensalada, y Amparo hizo pizza.
Luego había red velvet y diferentes helados. Yo ya estaba hasta arriba y aparte, no me va el dulce.

Deliciosa es quedarse corta.
Me lo pasé en grande. Lástima que no tuve compañía, pero entre que mi marido es blanco y no quiere agua y que mi hijo es un neuras y dice que en el mar mean los pájaros, las personas, hay plumas, algas, arena....O sea, que nada.

Esta playa es de piedras, así que hay que andar con calzado adecuado. Me dicen que otros años era peor, porque eran pedrolos y no piedras.
Y mi marido me dice, que cuando era pequeño, la playa era de arena. Pero que cuando construyeron no sé qué puerto deportivo, se empezó a llenar de piedras.
Ventajas: no hay mucha gente. Inconvenientes: el resto
Un gran día. Habrá que repetir