A estas horas, hace dos años, estábamos en El Dorado, esperando al avión que nos llevaría a Villavicencio.
Subimos al avión, que era pequeñito, y nos dispusimos a viajar a por nuestro hijo. Los pasajeros, se dieron cuenta de que éramos españoles, y nos trataron de cine.
Fue un viaje muy movido, porque el avioncito se meneaba como una batidora.
El aterrizaje fue de montaña rusa, y después de pegar unos cuantos botes, el avión se paró.
Salimos y nos estaban esperando los taxistas, con sus carteles (qué curioso, eso lo habíamos visto en las pelis). El cambio de temperatura y de humedad fue bestial. Un calor pegajoso nos recibió en Villavicencio.
Nos llevaron al hotel Don Lolo, donde nos registramos. Nos presentaron al director del hotel. Y nos dispusimos a comer.
La abogada no aparecía y empezaron los nervios. Por fin, llegó, y nos fuimos a un centro comercial a comprar la tarta y los globos para los niños. Habíamos decidido que fuera conjunta la fiesta.
El resto, ya lo sabéis, porque lo he contado muchas veces. Vimos a Rafa en el ICBF. Estaba con sus "tíos" y estaba hablando (hasta hoy que no ha parado, jejeje).
La sensación es de extrañeza porque le habían pelado al menos uno. Pero, esa carita tan preciosa y su sonrisa, era conocidísima. ¡La de veces que no habíamos mirado la foto que nos mandaron!
Han pasado dos años y los recuerdos siguen igual de vívidos que antaño.
Hoy hay comida colombiana. Hemos comprado en un restaurante colombiano un montón de cosas. Y nos han regalado también más cosas.
Pondré fotos.
Felicidades también a nuestros compañeros de fatigas Raquel y Antonio y su precioso hijo David. Fueron los mejores compañeros de fatigas que jamás podríamos haber encontrado.
Otro día de celebración y queda otro más: El aniversario de la llegada a España. Pero eso ya es otro día