El mundo en mis manos

Nuestra filosofía de vida, a través de este hermoso texto

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloree con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

Libro de visitas

Cumple de nuestro amor colombianito

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Nuestro tesoro llanerito está con nosotros

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Nuestro aniversario de boda: El más feliz lo hemos celebrado con Rafa en Bogotá

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miércoles, 15 de abril de 2020

Mis aficiones 6: el deporte

Muchos de los que me leéis no sabréis que soy monitora de deporte.

Yo llevo el deporte en las venas. Una persona culo inquieto como yo, no tendría más opción que no parar de menearse.

En el piso, lo clásico, los patines. Me he dado galletones de aúpa, pero sobreviví. También jugaba con mi hermana mayor al lanzamiento de piedra, hasta que un día me dio, y brecha al canto. Y con mi hermana mayor jugaba a llegar la primera a casa, o sea, a correr.
¡Qué diferencia con los niños de ahora!


Siempre me recuerdo a mi misma jugando y moviéndome. En el chalet, jugábamos al balón volea, a ping-pong, a palas. Cuando no jugábamos a pillarnos. Que ese es otro deporte que me encanta.
Un día, me regalaron una bici, y ala, otra cosa más para jugar.

En verano, ibamos a Laredo, y allí molaba jugar al tenis, a la pentaca (esto es más tranquilo ), a correr por las dunas (no veas lo que cansa) y a patearnos la playa.

En un año de estos, pues vi un curso del INEM de monitor deportivo. Y me apunté.
Estuve dos meses aprendiendo diferentes deportes. La primera semana tuve agujetas en sitios que no sabía yo que existían. Como dijo un compañero, tenía que coger un taxi para ir al baño.

Y cuando piensas que ya has pasado todas las agujetas, llega el segundo mes, y tienes agujetas en otros sitios, porque son otros deportes.
En natación descubrí que tenía viciadísimo el crowl . De resultas lo cual, yo nado mejor braza, que no la tenía tan viciada

Después de esos dos meses, quise ser socorrista. Y me apunté a un curso. Mientas, como una de las pruebas era bucearte la piscina de 25 metros, pues empecé a ir a la piscina. Recuerdo que tenía a las abuelas preocupadas, al verme tanto tiempo en el fondo de la piscina. Casi lo logré,que conste.
El curso  no lo aprobé, la RCP se me atascó con el muñeco diabólico.

Pero cogí gusto a la piscina, e iba todos los días a nadar. Me hacía tropecientos largos a crowl, que es el estilo que más domino. Una vez hechos los largos, me hacía unos cuantos a braza y otros poquitos de espalda.
Yo iba a ritmo cojonero, es decir, despacito. Y a veces venía el fantasma de turno, que te adelantaba a todo meter, para, después no aguantar, claro.

Llegó un momento que me aburría nadar, porque me daba tiempo a pensar. No conseguía cansarme lo suficiente. Y me apunté a aeróbic. Y en aeróbic me quedé hasta prácticamente casarme.
A veces combinaba piscina y aérobic. Así mucho mejor. Adquirí una forma estupenda y un tipo monísimo.

Basauri es un pueblo todo cuestas, así que la gente tiene unas piernas estupendas. Quieras o no, haces deporte.

Faura, pues es más bien llanito. Y fue llegar y apoltronarme.

Cuando Rafa se hizo un poco mayor y ya no tenía que acompañarle al cole, me decidí a caminar. Y hasta ahora.
El caminar pues mola, porque hablas con la amiga. No es mucho deporte, dependes de los perros. Es un paseo con perros. Te mueves pero no mucho.

Y llega el coronavirus. Y pienso ¿Qué puedo hacer? Y miro en el canal de youtube de sprinter, y me animo a hacerlo.

Dos cositas: estoy oxidada y no tengo sitio en casa. No tengo la dichosa smart tv y en el cuarto de ordenador estoy muy mal.



Busqué otra cosa, más aeróbica, y bien, pero el sitio tampoco.
Y vi la cocina y dije: este es mi sitio. Mi sitio natural, jajaja

Todos los días hago 15 minutos de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos.
Y debo de decir que me encuentro mucho mejor, más ágil.
El deporte es como una droga, y cada día quiero hacer más.
Tengo la limitación de que no quiero tumbarme, porque tengo miedo a mi pobre rodilla lesionada (el chucho mari lo hizo de órdago)
Hago sentadillas, flexiones contra la pared, ejercicios de brazos, de gluteos, de gemelos, de biceps femoral, cuello, rodilla, tobillos, pecho, cintura y cadera. Ejercicios aeróbicos saltando y haciendo la caja, la espiga, step lunch.
Intento que todo mi cuerpo se mueva.
Y de paso, vigilo la comida.

No hago deporte para adelgazar, tengo que decirlo. Nunca, incluso cuando tenía un tipo espectacular, he hecho deporte para adelgazar. Lo hago para encontrarme bien conmigo misma. Y si de paso, adelgazo, estupendo, pero no es el fin.

El deporte genera endorfinas, las hormonas del placer, y a mi me encanta generar esas hormonas. Por eso, incluso cuando estoy perruza, es empezar y activarme, como si pulsaran una tecla.

Mi marido se ríe, pero yo le digo que lo intente, a ver si se ríe menos. Porque todo parece muy gracioso, ale, a moverse. Pero estar en el ordenador no es un deporte.

Así que, ande yo caliente, ríase la gente

Respecto a los deportes que me gustan los divido entre: los que me gusta o me ha gustado practicar y los que  me gusta ver
Practicar: montañismo, tenis, footing, runing (o sea carrera y caminar), natación, pentanca (gran deporte), dardos, ping-pong, frontón.
Para ver: todos los de invierno, sobretodo el patinaje artístico.
De verano: pues menos el boxeo y la lucha en pesos grandes, me gustan casi todos
El béisbol no me va mucho.
¡Ah! el fútbol.  Ese gran deporte, único que ponen en la tele, y al que odio tanto.
No odio el deporte como tal, sino que sólo pongan ese deporte en la tele. Lo poco agrada, lo mucho enfada.

Los deportes de raqueta, me encantan: tenis, badmington, padle, squash. De tenis, no me pierdo los torneos grandes: Wimbledon, Roland Garrós, Open Estados Unidos, Open de Australia.

La equitación me gusta mucho, sobre todo los saltos.

Atletismo, me gusta todo, sin entusiasmarme nada. Lo que más me gusta es el medio fondo.

Ciclismo, y triathon, los sigo, cuando no hay otra cosa mejor que ver. Sobre todo, el triathlon, que cansa sólo verlo.

La Vela, me aburre sobremanera, porque no entiendo ni papa, y lo que dicen los comentaristas que se ve, yo no lo veo.

Mola mucho el tiro con arco. Con esos arcos que parecen de ciencia ficción.
El tiro con pistola, me gusta un poco menos.

Natación: lo que más me gusta son los saltos de trampolín y palanca. Esos, me entusiasman. Y la natación sincronizada. El resto, también lo sigo, me encanta ver cuerpos serranos nadando, jajajaja.

La gimnasia me gusta toda: la artística y la deportiva

La lucha: tanto tipo judo como la lucha clásica, como he dicho, me gusta siempre que no sean pesos pesados.

Las canoas y los kayaks me gustan mucho. Son súper emocionantes

Los deportes de equipo, me gusta el balonmano, el baloncesto (sobre todo si juega España),el boley playa (me gusta mucho) un poco el balonvolea, y un poco el waterpolo. El fútbol, ni con mujeres al poder me gusta .
Está claro que a mí me gusta cuando hay poca gente en la cancha. Soy más de menos gente más estética

Y ahora, no me acuerdo de más deportes, pero seguro que hay más y me apunto a todos.

Os podéis imaginar que, cuando llegan las Olimpiadas, tengo la tele puesta siempre. Practico el sillón ball, alternativo. Quiero decir que voy y vengo por la casa, haciendo las cosas, y de cuando en cuando le pego una ojeada a la tele. Si me gusta lo que veo, me quedo

Y hasta aquí  mi entrada de hoy, mañana más, amigos


martes, 14 de abril de 2020

mis aficiones 5: cocinar


Hoy os cuento esto del bello arte de dar de comer. Yo no sabía que cocinaba tan bien, pensaba que era para engordar barrigas y panzas.

En mi casa, siempre cocinó mi abuela. Luego mi hermana mayor, y cuando ésta se casó, me tocó a mi. Mi madre no cocinaba.

Me di cuenta de que lo hacía bien cuando los amigos de  mis hermanos se apuntaban a comer. Pero no sabía si lo decían por hacerme la pelota, por estar un rato en familia o por qué.

El caso es que me casé, y mi suegra me preguntaba que qué había hecho para comer. Tenía miedo de que envenenara a su lindo hijito.

Mi marido se asombró. El saber cocinar no venía en el libro de matrimonio. Era un bien apreciado, por lo que noté.


Y mi suegra, una vez visto que no cocinaba mal, se apuntaba a comer frecuentemente. Eso sí: teníamos que poner el salero. A mi no me gusta echarle demasiada sal a las cosas. Siempre, si está soso, tiene remedio. Si está salado, ya no lo tiene.

Mi marido, no estaba acostumbrado a la verdura, a las ensaladas, a la comida sana, sin fritos. Un día me pregunta ¿Qué es eso verde? Y yo le digo: pimientos, jajajaj
Poco a poco le introduje en el mundo verdura, haciendo los pimientos pequeñitos, camuflando las cosas. Y mi suegra celosilla le decía : Tú esto no te lo comías en casa . Y mi marido, para arreglarlo, decía: Es que Maricarmen lo hace de otra manera.
La otra manera es añadir chicha a las cosas sosainas. Un puré de verduras a pelo...no apetece. Si le pones sal de jamón, mejora mucho.
Mi marido me dijo, que desde que se casó conmigo, la piel se le puso más suave. Es lo que tiene no tirar de fritos al mogollón.

Las ensaladas son mi pasión. Y un día, en un pans, me dice mi suegra: Tú comes ensalada porque te gusta, ¿no? No le entraba en la cabeza que yo comiera de motu propio ensalada.
Me encantan: con pescado, con pollo, con lomo, con lo que sea. Obviamente si quiero hacer un plato único, le tengo que añadir chicha. Que la verdura sin chicha, acaba rápido en los pies, y te quedas con hambre.

Hace unos años, me apeteció entrar en el mundo de los brioches: Y aquí entran los roscones de reyes, los bollos suizos y los panquemaos o prims. Son masas entre el pan y el bizcocho y me encanta. La  levadura de panadería, cuando fermenta, huele de campeonato. Y esto de que tienes la masa hecha, y cuando añades la grasa, se te desmonta, y vuelves y dale y al final te queda precioso.

Y cuando leuda, o sea, cuando sube, es un espectáculo. Son masas vivas.

Os cuento que cuando vino mi hijo a la familia, tuve que emplearme a fondo en el tema pescado. No le gustaba  ninguno, así que tuve que apañármelas haciendo jeribeques para que entrara el pescado en la dieta. No tuve un éxito arrollador. Rafa se lo comía porque no le quedaba otra, pero no le gustaba nada.

Algo aprendí: a hacer muchos platos diferentes de pescado.

Yo soy partidaria de la dieta mediterránea. Comer de todo, mayormente vegetales y pescado, y aceite de oliva.
Los guisos tradicionales los de toda la vida, son los que más me gustan.

También todos los arroces. Aquí hay
 sitios que por cuatro duros, te dan paellas de escándalo. Pero también me gusta el arroz negro, el arroz a banda, el arroz caldoso, el arroz al horno (este último no lo como casi, porque me sienta fatal al estómago). También he hecho arroz criollo, arroz con champis y pollo, arroz con verdura...






Los hojaldres rellenos de lo que sea, están buenísimos












Y la repostería, me encanta hacerla, pero no comérmela. Soy muy poco golosa. Poquitas cosas me chiflan, y como es poca la chifladura, normalmente dejo el dulce para mi marido y mi hijo, que la disfrutan cantidad.
No me gusta el chocolate. Bicho raro soy.
Pero sí los bombones de chocolate con leche.

Ocurre, que tengo el estómago muy delicado, y no apto para comilonas. Así que tampoco me puedo permitir muchas cosas.
La grasa, aparte de sentarme mal, la odio. Las comidas grasientas, me dan asco.
La sal a cascoporro, tampoco me va nada. Yo prefiero las comidas al vapor, con poca sal, que sepan a lo que son. La verdura al vapor es estupenda. El pescado al vapor tiene un sabor de la pera. Y no es necesario usar demasiado el salero.

Tengo imaginación, y como no sé dibujar ni muchas otras cosas en las que plasmar mi cabeza loca, pues lo plasmo en la cocina. Muchas veces me dice mi marido o mi hijo: ¿Esto cómo se llama? Y yo: no tiene nombre. Me lo he inventado.
Muchas veces es para evitar algo que me sienta mal. Lo substituyo y queda mejor.
El tomate frito en las empanadas....uhmmm....repite y mal. Hago una velouté y ya está. Más suave y más rico.

Yo a eso le llamo apaños. Es lo que mejor se me da.
Tengo un libro : Donosti Pintxo a Pintxo, y cuando llega Navidad, se lo doy a mi marido y a mi hijo, para que elijan los que quieren que ponga

Ahora sé que se da bien la cocina. Sobretodo cuando cuando estaba en Colombia recibí un mensaje de un restaurante de Ondárroa que me pidió si podía copiar mis recetas. Yo me quedé boquiabierta, ojiplática, y le dije que sí, por supuesto.

El ser pobre también colabora. No tengo dinero para cosas lujosas, que no necesitan grandes elaboraciones. Así que, tiro de imaginación y mi familia come de Reyes, Reinas y ministros.

Y como, con el coronavirus, tampoco va a variar mi situación de pobre, pues seguiremos igual, dando caña, y comiendo bien

lunes, 13 de abril de 2020

Mis aficiones 4: los animales

 Os cuento que no puedo vivir sin animales. Son mi pasión, mi consuelo y, a pesar de que soy muy gruñona, les quiero infinito.

Cuando vivía en el piso, por mucho empeño que tuviera, mi madre no quiso tener perro.
Al llegar al chalet, ya era otra cosa. Necesitábamos un perro guardián. Estaba atado y tenía una caseta súper chula.
El primero era Tim (Timoteo, por los libros de Los Cinco), un setter inglés precioso. Tenía yo los cazadores intentando comprármelo pegaditos a mis pies.

Era cazador nato. Había que verlo en El Arenal, tratando de cazar las palomas. Le perdía la impaciencia, y todo su cuidado para no hacer ruido, se chafaba cuando empezaba a correr y se montaba un espectáculo precioso.

Era un perro de muestra. Cuando se quedaba en posición de muestra, era alucinante. Todo quieto con la pata doblada. Era innato, nosotros no somos cazadores.

Era un perro que le decías: ¡Tim, gatos! y miraba por tierra. Y si le decías ¡Tim, pájaros! miraba arriba.
Alguna vez he visto en lo alto de un poste un gato y mi perro ladrando abajo.

Es el perro de mi adolescencia. Un espíritu libre. De cuando en cuando, se escapaba y venía muy tarde de color gris, de la mugre que llevaba. Tocaba bañarlo.
Era experto en sinusitis. Un día, le miro, y tenía doble morro. Me lo llevo al veterinario, me da tratamiento. Le pusimos al lado de la calefacción. Y va  y me agarra pulmonía. Es el problemas de las puras razas, que son más tijismiquis que los perriplas, con la cabeza delante y la cola detrás.

Obedecer, no obedecía, pero me lo pasaba bomba con él. Mis primeros encuentros con el género masculino, se tradujeron en paseos con nuestros respectivos perros. Totalmente castos y sin nada de nada, más que hablar.
Cuando ya empezaba a tranquilizarse, en una de sus escapadas, lo envenenaron.

El siguiente Jaccky, que no era nuestro, sino de un amigo. Era un cruce de pastor alemán con cualquier cosa. Bueno sí, y un experto también en fugas. Tenía una súper pata y abría verjas.
Era un experto cazador. Se agazapaba, salía un gato, lo noqueaba con la pata, lo agarraba por el cogote y en dos meneos, adiós gato.
Era un peligro cuando entraba en el corral, porque no hacía ascos a nada.
Cuando le pillabas in franganti, te daba la pata.
Sufrió el mismo fin que Tim. En una de sus escapadas, lo envenenaron.

Siguiente y último, Berlín, un pastor alemán precioso. Era el perro perfecto. Inteligente, afectuoso, de un solo amo. Le enseñé a ataque defensa. Fue mi perro de la Facultad. Obedecía, iba al paso, un chollo.
Tenía un problema con la piel: me agarro sarna y tiña seguidos. Y dermatitis a tutiplén. Yo ya era experta en cremas varias.
Tenía un problemilla: que por las noches le entraba la tontera, y si llegabas un poco tarde, salía medio abobado de la caseta y ladraba. El truco era según ibas llegando a casa, hablarle, para evitar problemas.
Mi padre decía que era idiota. Eso era porque a él no le tenía afecto.

Un día trajeron un collie para hacer compañía a Berlín: Rocko. Un encanto de perro que escondía un carácter malísimo. Cuando estaba la verja abierta, salía pitando tras la persona que pasaba y le mordía. En vista de lo cual, y, como no era nuestro, le dijimos al dueño, que se lo llevara.

Gatos
Cuando estaba yo en Euskadiko Ezkerra, tenían allí una gata: Catalina, o Caty, por Catalina de Rusia, y me la llevé a casa.
Es la mejor experta cazadora de ratones que he visto en mi vida. Cuando estaba preñadísima, baja un día de la cama, se mete debajo del armario y saca un ratón. Se los comía, y dejaba los rabos, como cuando comemos boquerones. Así llevabas la cuenta de los ratones que se comía.
Parió y tuvo 6 gatitos. Y, súbitamente, desapareció. Supongo que mi madre se encargó de mandar a alguien a matarla. Nosotros la odiábamos por eso, pero se nos pasó. Nos quedamos con un cachorro, y el resto los dimos.

Se llamaba Elvis. Y para llamarlo era guay: elvis, vis vis. Era un gato medio callejero. Teníamos huerto y jardín y se paseaba alegremente. De cuando en cuando venía con las orejas destrozadas, porque se peleaba con el resto de los machos.
Y, a veces, cuando le pegaba la tontera, se le ponían el iris todo negro, y se lanzaba contra tí con uñas y todo. Mi hermana pequeña se reía, hasta que le tocó a ella y se rió menos.
En esa época, apareció una amiga de Elvis y se quedó. Era una gata muy bonita color naranja.

Nos echaron del chalet y llegó Fausto. A la veterinaria le habían traído dos gatos, que algún desalmado había intentado ahogar en el Nervión. Y como eran las fiestas patronales en honor a San Fausto, con Fausto se quedó. Era negro.
Este gato ha sido longevo. Hace ya casi dieciocho años que me casé, y el gato murió hace 3 años. Cuando mi hermano Patxi se fue a su casa, se lo llevó. Cuando murió Fausto, mi otro hermano le dio otro. Y para no complicarse la vida poniendo nombres, mi hermano Patxi le puso Fausto (II)

Y perros, pues...había una conocida, que tenía una cocker, Burton que era de su hija. La tenía en un garaje y yo la sacaba. Ahí empezó mi aventura con los cockers. Era una preciosidad, y muy buena. Un buen día, al sacarla, en un paso de cebra, un coche le pasó por encima y la mató. La dueña no me dijo nada, son cosas que pasan.
Pero, llegó Lola a nuestras vidas. Lola era del hijo de unas personas. Este hijo cogió una enfermedad de esas que si te pilla pequeño es inocua, pero que si te pilla grande es peligrosa. Casi se muere. Y dejó a la Lola en manos de estas personas.
Al final me la quedé yo. Estas personas, le decían a la perra. Sosiégate. Y la perra no se sosegaba ni a tiros.

Fausto se divertía con la perra. Se ocultaba en el comedor, y cuando la perra se entusiasmaba, le zumbaba.

Cuando me casé, vine con perra incorporada. Un buen día encontramos un novio y tuvo 6 cachorros. Nos quedamos con una: Ikatz.
Una perra muy buena, muy cariñosa, y muy pedorra. Se tiraba unos pedos pestosos alucinantes.
Te hacía los dientes, y parecía chinita.

Pasaron los días y cuando fuimos a Colombia, dejamos a  las perras en la veterinaria. Cuando llegamos fue genial. Las perras se pensaban que Rafa era un eventual y que se iría al final. Un niño de 3 años es un agobio para perros.

Ocurrió que Lola se empezó a mear por todos lados. Le dimos de todo, pero era un peligro de sanidad. Le tuvimos que dar eutanasia, nadie la quería.

Nos quedamos con Ikatz, con esta perrita tan encantadora.
Hace 9 años, en Navidad, empezó a encontrarse mal. Ya teníamos la felicitación navideña con ella. Y en 3 días murió de un cáncer.

Yo ya tenía decidido que más cockers, no. Para un pueblo con tanto campo, no sirven. A Ikatz se le metían todas las espigas en las orejas y luego, a la vete a quitárselas. Parte de la casa de la vete se la hemos pagado nosotros jajaja
También olía muy mal. Son perros muy acuáticos, pero, luego huelen apestosamente.
Y a la hora de beber, todo un espectáculo, goteando por todos los lados.

Ví que los teckels no olían tan mal, que no soltaban tanto pelo. Y busqué alguien que los regalara. Y encontré uno que, con vacunas me lo daba por 90 euros. Perfecto. Y fuimos al Bonaire y vimos a Gaspar. Un perro precioso de 3 meses.

Lo cogimos y lo llevamos al coche. El perro olía fatal, a náusea.
Total que llegamos a casa, era un lunes, y el perro, el pobre todo asustado. Pero enseguida se hizo. Yo tenía ensayo y dejé al apestoso con Juan.
Era 28 de diciembre.
El 29 llamé a la veterinaria a ver si lo podía lavar. Me dijo que con agua caliente sí. Lógico, no queríamos que agarrara una pulmonía.
Y desde entonces hasta ahora. Un espíritu libre que nos la ha hecho de todos los colores. Se ha escapado mil veces, y jamás le ha atropellado un coche ni le ha pasado nada.

Al igual que con Tim, tengo cazadores, que, de cuando en cuando, me lo quieren comprar.
Y las anécdotas respecto a ser un teckel....Hay gente que me dice: Oye, ¿tu perro no es muy largo? Y yo les digo: No, es que los demás son cortos.
O quien se empeña en que es un cruce. Sí: de una teckel miniatura de pelo corto y de un teckel standar de pelo duro. Así que mi perro se ha quedado tamaño standar (alejado del clásico salchicha pequeño y rechoncho) y con el pelo ni duro  corto. Pero como me dijo la vete, el que te diga que no es un salchicha, no tiene ni puta idea. Ole

En casa es un chollo. Pero cuando sale, es un broncas con todo macho que se acerque. Y soltarlo, en entornos muy controlados. Si hay perras en celo, va atado. Y si no...No he visto un perro igual: te mira, y luego, se larga. Le he odiado mil veces pero le he perdonado otras mil.

Hace 2 años, sonó el fonoporta y mi hijo dijo que un gato se había colado en el portal. Mi marido dijo que gatos nanay y montó bronca. Pero nos lo quedamos, y se encariñó. Duró poco porque tenía problemas de hígado. Pero Juan se quedó hecho polvo. Entonces miré en Milanuncios y vi que una persona de Sagunto tenía gatos para regalar. Llamé, quedamos, y Coco llegó a nuestras vidas.

Se puede decir que en mi casa no nos aburrimos. Pensamos que, al castrarlo, se iba a tranquilizar. Pero nada de nada. Sigue igual de trasto.
Aparte, le gusta el agua, chapotear, increíble.
Con el perro, juegan juntos, son amigos

Como veis, es falso esto de que perros y gatos se lleven mal. Gaspar era un adulto cuando llegó Coco, y se han hecho amigos inseparables


Yo soy casi experta en perros: me conozco casi todas las razas. Ahora, mi primo tío o tíoprimo Juan, me ha enseñado su perro. Un airedale terrier. De esta raza tengo yo una anécdota.
Nos dejaron dos airedales, y les llamamos Zipi y Zape. Se supone que habían ido a la caza del jabalí y eran expertos cazadores.
Total, que los llevamos al campo de tiro (llamado así porque tiraban tiro al plato). Y fue oir un tiro, y ¡patas para que os quiero!, montaña abajo. Para cogerlos, nos costó Dios y ayuda. ¡Valientes cazadores de pacotilla, que al primer tiro huyen!

De perros me gustan casi todas las razas. Me encanta el bull-mastiff. Para los que tienen una casa enorme.
Les tengo manía a los pequeños, llamados perros patada. A los perros, les pasa como a las personas: cuando más pequeño, más mala leche.
Yo entiendo que no es lo mismo el mordisco de un chihuahua que el de un pit bull. Pero morder, muerden más los yorkis, los ratoneros valencianos, lo pincher y los chihuahuas, por mentar razas pequeñas. Parece ser que la mala leche se diluye con el tamaño. Por eso los mastines son tan tranquilos. Y los San Bernardo y esos perracos que pululan.

Para un piso como el mío, perrotes, van a ser que no. Ahora están de moda los labradores. Pero sueltan pelo para montar una tienda de colchones. E igual los golden. Me encantan, pero, jobar la de pelo que sueltan.

Ahora les he cogido cariño al caniche a pelo, sin mariconadas de peladas absurdas. Me gustan los café con leche y en tamaño medio.

De los teckels...he salido escaldadilla. La obediencia no es lo suyo. Y ya no tengo edad para andar corriendo detrás de él. Y lo malo, es que sí, corro. Menos mal que la que tuvo, retuvo. Siempre me ha gustado el deporte.

Otros perros que molan mucho son los galgos. Pero me han dicho que tienen problemas con el frenado. Se pasan de frenada. Aquí hay más podencos, que son muy majos.

Por supuesto, los perros pelados, como el chinese y demás me parecen horrorosos y repulsivos.

Los shar-pei son como los chinos: sosos. Igual que los chow chow: sosos. Prefiero los lengua azul que los de la piel arrugada

Los carlinos, pues tendrán su encanto, pero físicamente no me gustan nada.

Los de trineo: Alaskan, Samoyedos, Huskys, pues son para gente activa. Son bichos con personalidad. Y me parece que un perro de nieve, para estas latitudes, va a ser que no. Algunos tienen su correspondiente mala uva

Los dálmatas: tan hiperactivos. La gente los compra por su estética, y luego, es un animal que necesita mucho ejercicio

Los cockers son preciosos para ciudad, sin ramitas ni cosas para engancharse.

Los de caza, pues son de caza. Tipo pointers, setters, bracos. Son animales muy simpáticos y cariñosos.

Los terriers o cabezas cuadradas. Pues los hay muy majos, y los hay muy mala uva. Según se va reduciendo el tamaño, peor mal café.

Y los cabeza tanque: tipo rotweiler, pit bulls y demás. El problema que tienen estos es su cabeza durísima, y su rabo, que lo usan como un látigo.
Había un hombre en Faura que tenía una rotweiler de nombre Chispita(en realidad tenía que llamarse llamarada, por el tamaño) muy cariñosa. Un día, mi marido fue con un amigo a tira la basura, y la Chispa, salió disparada por mi marido, a saludar. Al amigo, no le llegaba la sangre al cuerpo, del susto que se pegó, jajaja
Otra anécdota es con un pit bull que teníamos de vecino, y de nombre Hulk. Unos días antes de hacer la comunión mi hijo, vino mi cuñado a ver la parada (en estos pueblos, se monta una parada con los regalos que le han hecho al comunionero). Yo había dejado la puerta abierta para evitar estar abriendo y cerrando continuamente. Y he aquí que entra Hulk como Pedro por su casa, y mi cuñado lo ve, y el susto que se metió fue de aúpa.
Hulk, al igual que casi todos los de su raza, es un santo, con una alegría increíble.

Los schnauzers: pasa igual que con los terriers: el pequeño, el más cabrón.

Respecto a los collies, (las dos clases que conozco) pues mucho pelo sueltan. El carácter es estupendo

Los Pomeraria: mi marido se ha enamorado de esta raza pequeña, cosa extraña en él. Habíamos decidido que los perros patada no nos gustaban. Pero hay un cachorro, Wiskhy, que es una pasada. Sin que sirva de precedente, el próximo perro, será un Pomerania. Pero a Gaspar, todavía le quedan años de feliz convivencia con nosotros. No lo vamos a jubilar

Otra raza curiosa es el Sethland. Es como un collie miniatura. Pero no es un collie enano, no, es un perro de esta raza.

Y los mejores: los perriplas, con la cabeza delante y la cola detrás. A mi me gustan los que tienen bigotes. Pero los hay la mar de chulos. Por supuesto en tamaño normal, no perro patada.

De gatos sé menos, me conozco menos razas, y en principio me gustan todos menos los sin pelo. Y los de nariz chata, que parece que se hubieran pegado con el morro en una puerta, tampoco me gustan mucho. Para mi, los más chulos son los tipo gato europeo y similares.

No sólo me gustan perros y gatos. Me gustan todos los animales menos los bichos: insectos varios y serpientes. De los insectos se salvan los escarabajos, las mariposas, las mariquitas. Odio las arañas, las mantis, las langostas y demás bicho repelente.
Aquí hay culebras de dos metros y no exagero. Aunque estén muertas no puedo con ellas.
Pero nos vemos todos los documentales de animales. Ahora, con la televisión por cable, nos lo pasamos súper, viendo animales.
Los pájaros me encantan. Está claro que el colorido me va mucho.
Y las hienas, las pobres, que siempre la gente las pone verdes, y son una pasada de animal. Desde aquí revindico a las hienas. Viva la sociedad matriarcal.

Soy un poco como San Francisco de Asís: me gusta mi mundo y todo lo que hay en él. Y, como en este mundo vamos a estar dos días, pues estos dos días, a disfrutarlo.
He dicho

domingo, 12 de abril de 2020

Mi vida 3: la religión

Yo soy profundamente religiosa. Y no porque mis padres me hayan inculcado una fe y unas costumbres demasiado pías.
Recuerdo ir a catequesis y que me pidieron que dibujara una misa. Y yo dibujé la iglesia por dentro. Por aquel entonces sabía lo que era la iglesia y la misa.

De mi comunión, recuerdo que tenía miedo de tropezar en los escalones de la iglesia

Me tocó de compañero un chico que también iba de monje.
Es curioso esto de los trajes monjiles: Tengo dos hermanas por arriba y por abajo: La mayor la hizo de princesa y la otra, de paisano. A mí me pilló el hábito.
 Lo que más me gustaba era la toca, que fue pululando por todos lados durante tiempo.

No recuerdo que tuviera sentimientos religiosos ni que no los tuviera. Era una niña y se me obligaba ir a misa (mis padres no iban). Recuerdo las colas en los confesionarios, a los que ibas con una lista, que parecía la de la compra.
Recuerdo los ataques de risa, y las caras enfurruñadas de los mayores.
Y los curas, que a mi me daban miedo, tan negros, tan respetuosos. Recuerdo a dos: Don Jesús, que era joven, y Donal, que fue el que más duró y el que más tarde me dio Religión en el Insti.

Yo miedo sí, pero como no me sé callar ni bajo el agua. pues a Donal le solté una fina. Contaba que  el asunto de la multiplicación de los panes, no era un milagro, sino que todos, al ver que uno sacaba sus víveres, empezaron a sacar los suyos. A mi no me convenció y le solté que lo que había dicho era una tontería. Cachondeo general en clase, claro.

Llegamos al chalet, y ahí había crucifijos e imágenes religiosas para aburrir.
Yo le tenía cariño a un Corazón de Jesús que estaba en el comedor del piano. Me encantaba rezarles por las noches. Y mis hermanos, que eran bastante cabritos, me tiraban cosas por el pasillo para que sonara y me diera miedo.
También recuerdo en el camarote una imagen muy chula de Cristo.
Y un crucifijo, que aún tengo, pequeño, de mano, que es de Jerusalén.
Con estas armas, resulta que la única católica de la familia era yo. Para recochineo de mis hermanos, claro. Mis padres eran tibios católicos, y en mi casa, llegado un momento no iba a misa ni el tato.

Lo que hizo que cambiara para mi el ritmo de mi vida, fue la enfermedad y muerte de mi madre. La ELA es una enfermedad muy cabrona, y mi madre la cogió. Sentí que era injusto, porque mi padre le dio los últimos 10 años una vida de asco. Ahora que se podía liberar y vivir la vida, va y coge la ELA.
Me enfadé con Dios: le dije: No creo en Tí.
Pero, por mucho que me empeñara en no creer, el caso es que sí creía. Acabé montándole unas broncas a Dios de aúpa. Y al final de la tormenta, vino la calma. Aprendí que cuando admito que Dios haga su voluntad, es total su voluntad, no si me gusta. Y obviamente no me gustaba.

Empecé a ir a misa. Estaba harta de salir en defensa de la Iglesia, de pelearme con todo el mundo, y luego, lo mejor me lo perdía.

Y resulta que el cura era muy majo. Decía, por ejemplo: ¡Estáis dormidos! ¡Aúpa el Athletic!
Nos reíamos mucho.
Y justo mi hermana estaba haciendo los papeles para casarse. Y la parroquia que le correspondía era a la que iba yo.
Un día que venía yo de la farmacia con  toda la farmacia conmigo porque tenía un trancazo de aúpa, llego a la iglesia, me dice Mikel que me siente. Yo iba jadeando por el trancazo. Empezamos a hablar. Y fue tan sencillo como que, al cabo de un tiempo, acabé tocando el órgano en misa de niños.

Es curioso: algunos pensaban que yo, solterona y sin trabajo ni  apenas amigos, me refugiaba en Dios porque era el único que no me iba a decir que no.

Pero no: yo estaba en el PSE-EE y en el coro de Castilla-León. No necesitaba gente. Y ya tenía mi coro de admiradores entre los amigos de  mis hermanos. Mi ego estaba la mar de surtido.

Aún tengo vergüenza de que me vean rezando, es algo que no se me ha quitado de encima. Es como que los demás vean tu debilidad. Del resto de las conchas, ya me he librado. Ya no me dan miedo los curas, algo hemos avanzado. Tampoco me importa hablar de religión.

Los niños me preguntan si Dios me ha hablado. Yo les digo que habla en el silencio. Yo sí que he sentido la voz de Dios. Que vino de una manera sorprendente. Soy muy racional y no creo en milagros de todo a cien. Pero lo que me pasó ...Me animo a contaros.

Yo estaba en un chat católico, y una tarde, una persona me llamó asesina, por ser vasca. Yo me ofusqué mucho y me dolió cantidad.
El caso es que al día siguiente iba a despedirme de Mikel porque me venía a Valencia. Llego allí y me dice: Oye, mira estas partituras a ver cómo son.
Subo a la iglesia, paso veloz por el altar y antes de llegar al órgano noto que alguien me habla. Miro al Cristo y noto cómo me dice: no pasa nada, estate tranquila. Frené en seco y asombrada le dije: ¡Ah! pues muchas gracias. Alucinaba yo en pepinillos.

Esa fue la gorda. Está claro que Dios habla cuando le da la santísima gana. Tampoco estoy yo para exigir.

Crisis, claro que las he tenido, las tengo y las tendré. Como buena persona hiper racional, a veces me entran los temores de que todo sea mentira, que todo es un cuento y demás. Al cura, le tengo aburridito con tanta milonga.

Me consuela que a Santa Teresa de Calcuta, también le vinieron estos temores. Yo en menos, mucho menos, no hay comparación. también lo siento. La famosa noche oscura que decía San Juan de la Cruz.

A trancas y barrancas sigo el camino. Podemos compararlo con el río que, a lo largo de su curso, da curvas, se encuentra con rocas, va lento, luego rápido, pero al final, encuentra el Mar.

Esta Semana Santa, la estoy viviendo en el ordenador, donde Les Valls tv pone las misas. Ayer fue mi primera celebración de viernes santo. He tenido que estar confinada par verla, ¡qué cosas!


Me he descargado la aplicación del Angelus. Todos los días, a las 12 suenan alegres la campanas, y yo rezo el Angelus, y padresnuestros variados por el Papa, por nosotros, por vosotros, y por ellos..
Primera foto: domingo de Ramos









Segunda foto : Jueves Santo





Domingo de Resurrección







Tengo un icono, que me regaló un ucraniano que tuvimos alojado, por Taizé. Y a El le cuento mis penas, mis alegrías y mis cosas varias.




A veces, me distraigo porque Guillermo Camarelles, le da por tocar la dulzaina. La dulzaina es un instrumento que suena fuerte. Y toca un rato largo.

En fin, que entre rezos y no rezos paso el día.

Tengo santos favoritos:
San Francisco de Asís: Me encanta su amor a la naturaleza y a todo lo creado. Me encanta su sencillez y su humildad
San Felipe Neri: Me encanta su sentido del humor, su gracia, y su humildad
Santa Teresa de Jesús: una mujer de armas tomar, y también con una gracia especial. Me encanta la frase de : Dios está en los fogones.
Don Bosco: Otro payaso de Dios. Un ejemplo genial de que se cazan más moscas con miel que con hiel.
Santa Teresa de Calcuta: Su mansedumbre, su humildad, su carisma. Un tesoro que, como casi todos, estaba envuelto en  pequeño envase
San Juan Pablo II: mi papa. El ejemplo en que tenemos que reflejarnos todos cuando lleguemos a ser ancianos. Era lo que le decía a mi suegra: Mira el Papa, anciano, soportando los achaques de la vejez con alegría y humor
Y claro que estoy aprendiendo muchas cosas

He aprendido que ser católico no es ser oscuro. Yo soy payasa, me encanta reír, y claro, no soy la clásica beatona de negro.
Ya habrá tiempo para la pena, que haberla, hayla. Pero no creo que la vida sea un valle de lágrimas, no señor.
La vida es el sol cuando nace, la lluvia cayendo sobre el asfalto, el viento, la nieve y todo lo bonito que hay en el mundo.
He aprendido que a mi no me  deprimen ni con salfuman. Como dijo el Papa:¡No tengáis miedo!. Cuando me llega la desesperación por la dilatación del confinamiento, me digo: ¡No tengáis miedo! y se me pasan los males


Por cierto, que otro trauma del que me he liberado: hablar de religión

sábado, 11 de abril de 2020

Mis aficiones 2: leer y escribir

Continuando en el orden cronológico pongo 2 aficiones: leer y escribir. Tanto monta monta tanto.

No sé si fue antes el huevo o la gallina. El caso es que recuerdo que yo hacía redacciones para mí y para mis compañeros de clase. Siempre se me ha dado bien escribir.

Y la ventaja, es que aprobaba lengua española sin saberme los pretéritos pluscuamperfectos del subjuntivo y similares rollos bananeros.
Estaba claro que los profesores opinaban que yo sabía conjugar los verbos, aunque no supiera el tiempo verbal ni el modo en que estaban.

Estos aprobados por mi santa cara de ángel me valieron hasta que tuve que estudiar latín y ahí se lió parda. Porque en latín sí tienes que saberte los pluscuamperfectos varios. Y como yo no me los sabía ni en castellano, tuve curro doble.

Por cierto, que mi carita de no romper un plato me sirvió para aprobar latín en 2 de BUP. Mi padre no opinó lo mismo y me hizo estudiar todo el verano latín. En 3 de BUP hizo un examen de nivel la profe, y quedé en el grupo VIP
Mi carita de buena gente también me sirvió para aprobar griego en COU. Y Dios es bueno, porque no me cayó griego en la Selectividad, si no, ya hubiéramos visto otro panorama.

Más tarde vi lo útil que era saber si un verbo era transitivo, atributivo o intransitivo. Porque, aunque os parezca raro, para estudiar euskara es muy útil.
Os pongo un ejemplo:
Verbo transitivo: Yo tengo un perro: Nik (yo transitivo) txakurra(objeto directo, perro) daukat (tengo)
Verbo intransitivo: Yo voy a Faura: Ni(verbo intransitivo sin la k) Faurara (a Faura, c.circunstancial) noa (voy)
Cosas de los idiomas.

Respecto a la lectura, toda la vida he leído yo. En el cole (yo fui al Cole Basauri, uno privado), empecé a leer Los 5 y los Hollister.
Poco a poco me fui viciando, con este hermoso vicio que es leer. Y me ha venido muy bien. Yo creo que si escribo bien es porque he leído y leo mucho. No es, por lo que se pueda pensar, que he ido a la Universidad. En mi Facultad había cada burro que suspendía por faltas de ortografía, calculad el nivel.















Tuve también una ventaja y es tener un padre coñazo, que llegaba por la noche con ganas de jaleo. Yo no sabía callarme y había riesgo de que me soltara un guantazo o que dijera lo de siempre: Tú no sabes nada y te crees que sabes mucho y lindezas varias.
Con lo cual, me subía a mi cuarto (vivía ya en el chalet) y me ponía a leer)

Según he ido madurando, he cambiado los gustos. Yo recuerdo que me encantaban las Memorias de Adriano. Hace un año, lo cogí de la Biblioteca y me pareció un rollo.





Me gustan las novelas biográficas. El último libro que me he leído es La Ruta Infinita, que es el viaje de Magallanes y Elcano.











Lo que no me gusta son novelas en las que la descripción es demasiado larga.
Por ejemplo: me encanta El nombre de la Rosa, pero no he conseguido seguir nunca los discursos teológicos.






Un libro muy interesante:Patria. Me lo recomendaron. Y al principio, me resultó extraño, por la manera de redactar que tiene Aranburu, pero enseguida cogí el hilo y me ha encantado.







El clan del oso cavernario: Cuando aborté y estuve casi un mes en el hospital, mi marido no me traía flores, me traía libros del Clan del Oso Cavernario.










Parque jurásico y su continuación: El mundo perdido. Como a mi me gusta tanto la paleontología, me encantan.
Los libros de Pérez Reverte sobre el Capitán Alatriste, con esa literatura ágil que tiene.









El principito, de Saint Exúpery: una joya, lo veas por donde lo veas. Lo leí en clase de francés hace mil años. Pero ahora es cuando se disfruta de un libro pequeño en tamaño y grande en ideas.
De la misma época leí Las Aventuras del pequeño Nicolas. Mi hijo, cuando las leyó se reía un montón
Libros religiosos tengo unos cuantos Me gusta ¿Quién es ese hombre? en el que parece negar la existencia de Jesús, para luego darle la vuelta.
También :Ven, se mi luz, de la madre Teresa de Calcuta.
Por supuesto, Los pilares de la Tierra y sus continuaciones: me encanta la manera de contar las cosas. Tuve que mirar si existía el pueblo, pero no. Pero no comete errores de bulto, cosa que es de agradecer



También me he leído alguna pachangada: El código da Vinci, que se fue por donde había venido y lo regalé con bonitos marginata. Una chorrada inmensa, que la gente se ha creído, porque no tiene criterio ninguno.
Y uno de la Facultad: la geografía, un arma para la guerra. Me acuerdo que lo pasé tan mal leyéndola, que en el trabajo que hice, dije que era ideal para dormirse. El título y la portada era lo bonito: el resto un rollo increíble.





Y libros, aquí he puesto una mínima parte, yo me leo hasta las tapas del Colacao.
Y no sólo libros: Me encantan los cómics de Asterix y las viñetas de Mafalda. me río mucho



También he leído Lucky Lucke, y Mortadelo y Filemón, Zipi Zape, el botones Sacarino, Rompetechos y todos esos. Pero no son lo que más me gusta.

Teatro poco y mal: me gusta Miura y poco más. El Tenorio y La Venganza de don Mendo. Para reír, vamos
Y poesía, me gustan los románticos, Becker, Espronceda. También me gusta Lorca, Machado (los dos), Alberti...
Me gusta leer poesía puntualmente. Creo que no soy capaz de leer un libro entero de poesía de una tacada. De una en una en píldoras, sí.

Y os preguntaréis si leo algún libro de historia. Pues si: hay alguno que aún me gusta: El cisma de Occidente, que trata de cuando había 3 papas y los 3 se enrocaron y demás.
Sagunto: su historia y sus monumentos: Me lo regaló mi marido y está muy chulo

Ahora me estoy dejando convencer para leer La Catedral del mar. Ya veremos.
No me gustan, y podréis decir que soy antigua, los libros electrónicos. Me gusta el olor a papel, el pasar páginas. Pero también decía que no me gustaban ni los móviles ni internet, y conocí a mi marido por internet y uso el móvil para comunicarme con amigos y familia. 
No se puede decir De esta agua no beberé.


viernes, 10 de abril de 2020

Mis aficiones 1: la música

Hola a todos: voy a empezar a contaros en orden cronológico mis aficiones.

La primera de todos: la música.
Ya desde pequeña cantaba yo el Bai polita da. La canción es de niños y dice:
Bai polita da gure etxea
txiki txiki, zuri zuri
Bai haundia da gure txakurra
Tom da bere izena
Txakur haundi eta oilo txiki
lagun onak gara zu eta ni
Bai polita da gure etxea
txiki, txiki zuria
Txita txikiak norenak dira
zure amatxorenak
Txita txiki, era oilo haundi
Lagun onak gara zu eta ni
Bai polita da gure etxea
txiki txiki zuria

Traducción
Si que es bonita nuestra casa
pequeñita, muy blanca
si que es grande nuestro perro
Su nombre es Tom
El perro es grande y la gallina pequeñ
Tú y yo somos buenos amigos
Si que es bonita nuestra casa
pequeñita, la blanca
Los pollitos ¿De quien son?
de su mamita
El pollito pequeño, la gallina grande
Tù y yo somos buenos amigos
Si es bonita nuestra casa
pequeñita  la blanca

Mi padre, como es costumbre en Euskadi, cuando se iba de poteo con los amigos, acababan cantando. Y al ver que yo lo hacía bien, me tocó la china de cantar.

Como ya os he contado, maldita la gracia que me hacía.
Yo crecí con habaneras, mexicanas, boleros, y demás. Las letras de las canciones mexicanas son muy muy de desamores y cosas parecidas Y la gente alucinaba al ver que siendo tan pequeña cantara cosas de mayores. 
Me acuerdo del Torrevieja. Canción que tiene sus cosicas, pero que a mí me salía bien. Era una de las que cantaba a las punteras de los zapatos de los amigos de mi padre.
Más tarde en mi coral actual, me encontré con esa pieza, y me hizo recordar.
En el cole, recuerdo que hicieron registros de voz, y me tocó ser jilguero en lugar de canario, que era lo mejor. Se me bajaron los humos, si es que los tenía.


Pasada esa temporada, los cantos quedaron en mi casa. En el chalet había un piano

de pared, y yo cantaba y tocaba las mexicanas, boleros y más cosas parecidas. Mi hermana dijo que ella tocaría clásico. Yo acepté, pero, al final yo acabé tocando de todo.
Aprendí la clave de fa, y creo que lo primero que toqué fue el vals de las olas. Luego vino Para Elisa, Tristesse de Chopin, Claro de Luna y alguna más.

Pasó mucho tiempo, muchísmo, Ya estamos en la boda de mi hermana pequeña. Un trancazo brutal me acercó al sacerdote. Yo venía cargada con la mitad de la farmacia, y al llegar a hablar con el sacerdote (por temas de la boda de mi hermana), me hizo sentar. Nos pusimos a hablar.
Y al final acabé tocando en misa de niños. ¡Qué cosas!

Por entonces, yo estaba en el PSE-EE y había un amigo, Iñaki, que al enterarse de que yo tocaba, me propuso tocar para la coral de Castilla-León. Y allí fui.
Yo si tocaba y tal, pero el director, se dio cuenta de que tenía oído, y pronto me

hizo cantar de soprano.

Mientras, también hacía de canguro de mis sobrinos, y les cantaba el Aurtxo Polita, que es una canción preciosa
Un  año, en mi cumple, mis hermanos me regalaron un teclado. La llorera que me pegué fue de verse. Y mi hermana Arantza, que es niño límite, le dice a mi hermano Patxi: no le gusta, está llorando.
Este teclado llegó a Faura, pero hace un par de años, se rompió. Estoy a la espera de que, cuando cambie la cosa, comprarme otro.

Y conocí a mi marido por internet, en un chat de Perú, y me casé y me vine a Faura. Todo el mundo me decía que tenía suerte, porque en Valencia hay músicos a patadas.
Mi marido me habló de la Coral Benicalaf, pero yo no me atrevía, porque pensaba que todos sabían solfeo y todos cantaban en plan maestro.
Me animé y dije cuando me vieron: yo sólo llego al la alto. Y, para pasmo mío, se me quedaron todos mirando.
De esto ya han pasado 16 años y ya ha llovido muchísimo. En mi coral he cantado cosas que no podría imaginarme ni borracha: El Lacrimosa de Mozart, el Gloria de Gounod, el Mesías de Häendel. Y he cantado en muchos sitios. El último más emocionante fue en la Basílica de los Desamparados.
 El video que os he puesto es el de Valencia Canta. De esto hace casi un año ¡Quién nos iba a decir que a estas alturas estaríamos confinados por culpa de un virus!




Rspecto a tocar en misa en Faura han pasado cosas
El anterior sacerdote opinaba que las guitarras no eran para misa. Tampoco yo me había ofrecido para nada. Pero sí había empezado a ser catequista.
Y un día, que los niños estaban aburridos, cogí el órgano y empecé a tocar, creo villancicos. Y el cura se quedó asombrado y me dijo: ¿Cómo no me habías dicho que sabías tocar?. Pues porque no se me había ocurrido, qué caramba. Y desde entonces toco en misa. La primera vez, me sudaba hasta el ombligo. Pero ya le he cogido el tranquillo. Si me equivoco, pues no pasa nada.


Hace ya 3 años vino un cura nuevo que opinaba que las guitarras sí valían para misa. Un día vi a Silvia Queralt, guitarra en mano, con los comunioneros. Y le dije: si quieres te ayudo. Lo mismo que con el cura, Silvia me dijo:¿Tú tocas la guitarra?. Yo le dije: tocar, tocar, el chunda chunda. Desde entonces toco la guitarra en misa, con la inestimable ayuda de Norberta. Norberta la toca mucho mejor que yo. Yo con las cejillas, las paso fatal. Tengo dedos cortos y morcilliles.

La guitarra yo la empecé a tocar porque mi hermana Begoña tenía una, y me picó la curiosidad. Un buen día, mi madre me regaló la que tengo. Es una guitarra de las que tenía un guitarrista profesional y que le sobraba.
A esta guitarra le he cambiado de todo menos el armazón. Cuerdas, clavijero, clavijas.

A todo esto, por si no lo sabéis, jamás he estudiado solfeo. El que daban en el cole era sistema muy moderno de 1 do, 2 re y así. Y los altos, lo mismo con puntito encima.
Así yo estudié flauta. Que no me gustaba antes ni me gusta ahora.
El poco solfeo que sé es por curiosidad, y porque le pregunté a mi padre lo del pentagrama. Antes no había San Google. Y así me busqué la vida.
En el piano, me dijo dónde estaba el do y se acabó.
Y para la clave de fa. me dijo: el la es do
E idem eadem idem

Cuando tengo morriña, toco en la guitarra canciones de mi tierra: Boga Boga, Aurtxo Polita, Ametz, Agur jaunak.

Sobre mis gustos musicales, yo digo que me gusta la música a pelo: En clásica, me gusta la zarzuela, algunas óperas. Autores: Verdi, Tsaikowsky, y el resto de los músicos. Bach, Haendel, Dvorak, Beethoven. Los españoles, casi todos: Falla, Rodrigo, Turina
Hay 3 piezas que me sé de memoria: la 9 de Beethoven, El concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, y el concierto número 1 para piano y orquesta de Tsaikowsky.
Me gusta el gospell, el country y el blues de los americanos. El rock también pero no todo.
Músicos: Melendi, Orozco, Manuel Carrasco, Pablo Alborán, Pablo López, Merche, Malú, David Bustamante. Y de cuando en cuando escucho cosas de uno y de otro que me gustan.
Extranjeros, me gusta James Blunt.
De mi época, Queen, soy muy fan. También no de mi época, Beatles. Y Mocedades, Juan Pardo, Roberto Carlos, Antonio Flores, Ana Belén y Víctor Manuel.
Me gustan los grupos corales a capella, como Voices 6 y Pentatonix.
Y la música de las películas y los musicales.
La música electrónica tipo Jean Michel Jarre o Mike Oldfield

Acabo antes por lo que no me gusta: no me gusta el rock radical, porque parece que estuvieran enfadados o estreñidos.
No me gusta el heavy más que en baladas, porque gritan mucho.
No me gusta el reaggeton porque es repetitivo y usan el ordenador más que la voz
No me gusta el rap, porque no lo considero música: es poesía con fondo de chunda chunda y va que se mata.
La música disco depende de quien

Ahora, en confinación de cuando cuando cojo la guitarra canto cositas: Anduriña. Y el éxito mundial: Resistiré

jueves, 9 de abril de 2020

recuerdos de la infancia 2: excursiones

Sigo, ya que, en esta cuarentena me ha dado por recordar, con mi niñez y juventud.
Hoy toca hablar de excursiones varias.
Mi padre tuvo unos cuantos coches, casi todos de segunda mano. No los cuidaba (tampoco su aseo personal, decía que se duchaba todos los jueves, los jueves santos/o sea hoy/). Entre que fumaba y que el coche estaba sucio, era un sitio ideal para irse por ahí.

Pero éramos niños, y nos daba igual.

Mi padre era aficionado a las setas, y las excursiones era a montes y campos varios para ir a recogerlas.
Tengo unos cuantos sitios memorables. Uno, en Orozco, al que ibamos mucho.

Había una presa y nos bañábamos allí con el súper flotador de rueda.

En esa época teníamos a Tim (por Timoteo, el de los Cinco) nuestro setter inglés. Técnicamente son acuáticos. La verdad es que no le gustaba mucho el agua. Y no nadaba, apoyaba las patas traseras en el suelo y las delanteras las movía. Parecía un barco a vapor del Mississippi.
Yo debo de tener una querencia por los espíritus libres. Mi perro actual es uno. Y Tim era uno. Las carreras detrás de él eran espectaculares.

Cuando ibamos a Orozco, mientras mi padre se perdía tras los montes, ibamos a un sitio donde había un riachuelo. Allí metíamos la gaseosa.
Las dos hermanas mayores tomábamos el sol, y los pequeños jugaban.
Montábamos batallas de agua. El agua del riachuelo estaba helada, y claro, los pequeños perdían todas las batallas. Recuerdo a mi hermano Patxi llorando.
Recogíamos helechos, poníamos un hule y lo usábamos para hacer pino puente y demás .

Mi perro Tim, aprovechaba para robarnos la ropa y huir monte arriba. Era especialista.
Un día, se fugó tras una oveja. Estaba el perro, la oveja y el río. Y mi padre diciéndome a mí que cogiera el bicho. Cosa difícil.

Las excursiones había que verlas. Nada de cinturones ni airbags ni nada de nada. Culo delante, culo detrás.

Otro sitio al que ibamos, era Altube. Y allí había una gran campa, y un río que hacía una curva muy chula.
Un buen día, había como rocas grises. Mi hermana Begoña dijo: Vamos de excursión. Y se hundió hasta los muslos de lo que era, en realidad fango.
Mi hermana Arantza pensó que a gatas se solucionaría. Y consiguió manguitos grises gratis. Mi madre se reía.

Otas de las veces nos íbamos con amigos por ahí. Y por ahí, mi perro Tim organizaba de las suyas. Un día se rebozó en mierda, y se dedicó a pasearse entre los domingueros, para horror de mi padre.

Teníamos una abuela en una residencia. En realidad era una bisabuelastra. Pero ese nombre es horroroso. Ella se casó 3 veces y cuando llegó a una edad, decidió ir a la residencia. Se llamaba la abuela Anita. Y estaba en una residencia en Portu.
Y ahí fuimos con Tim. Y si este bicho no la organiza, revienta. Se escapa campa abajo, nosotros detrás, nos caemos, todo un espectáculo.

Yo tenía un hermano subnormal profundo y estaba en una residencia en Bermeo. Y

ahí íbamos nosotros. La carretera tiene badenes estupendos. Ibamos cantando la de los payasos: El viajar es un placer...
También concursábamos sobre el color de los coches. O mirábamos las  nubes y decíamos qué nos parecían.

Mi hermana mayor era siempre la sensata y yo la cabra. Ella siempre más patosa, mamaíta patas largas.
Jugábamos en los montes a indios y a vaqueros. Montábamos unos tipis estupendos de ramas y demás..

Las excursiones (no eran viajes, desde luego) eran divertidos. Una de las veces, se le rompió el cable del acelerador del coche. Y mi padre, cogió una cuerda y aceleraba desde la ventanilla. A todos nos hizo gracia, menos a mi hermana mayor, que ya estaba en la edad tonta.

Otro sitio es Zollo, que tiene un hermoso frontón. Y por ahí, creo que había champiñones. Y mi recuerdo es mi hermana pequeña, enfadada con todo el mundo: con el perro, con sus hermanos y con todo lo habido y por haber.

El único viaje real fue a Ponferrada, por una herencia de mi abuela. Y fuimos mi padre, mi madre  y yo.
Y en mitad de la estepa castellana, con un frío que cortaba, se rompe la correa del ventilador y nos quedamos tirados. Pasaban coches, y nada, y pasa uno de Vitoria y nos ayuda.  Nos dijo que cerca( era una recta infinita y yo o veía ningún pueblo) había un pueblo y nos arreglarían la dichosa correa.

Yo también tuve mi temporada tonta. En mi caso odiaba (y los sigo odiando) los bichos. Y en los montes, los hay a patadas. Y basta que los odies, para que ten vengan todos a tí. Y yo histérica a grito pelado, tratándome de quitar el bicho de turno.

Cuando tuve edad suficiente, decidí que ir por setas no era lo mío. Porque hay más setas malas que buenas. Y tirarse toda la mañana para coger 4 setas, no me va. A mi me gusta comerlas.

Mis hermanos varones continuaron (y continuan) en la faena. Yo sospecho que ciertos huevos con chorizo animaban mucho a mis hermanos a acompañar a mi padre. Si hay recompensa mañanera, te animas más.

Pocas veces recuerdo yo acompañar a mi padre de motu propio al monte. Si recuerdo en el Gorbea que había níscalos (rebollones se llaman en otras partes) para aburrir. Un día feliz. Me encantan los níscalos.

Mi hermana mayor tiene en Carranza un caserío. Y una de las veces que fuimos (mi padre no iba ni a tiros) fuimos a por setas. Mayormente hay galampernas, que a mi, ni fu ni fa. Total que me dice mi cuñado: ¡Mira, detrás del tocón! Y si, si había algo: un faisán que salió revoloteando. Pensé: ya tenemos la cena.


Os cuento que hubo una temporada en que había champis en plan avalancha y mi padre los traía día si y día también. Y acabé odiándolos. Os confirmo que se me ha pasado ya la tirria y que me encantan.

De todo este pasado micológico, me queda mi afición a ir a la montaña, a comer setas. A mi me gusta la montaña para patear, para oler, para respirar. Y si hay fósiles, mejor. Y si hay algún castillo o algo en la punta de la susodicha montaña, mejor aún.

Y ahora, os cuento otra cosa: Ayer me llamó el primo tío, o tío primo (aún no sé como llamarlo) al móvil. Jobar ¡qué ilusión me hizo!. Estuvimos una hora al móvil. Se llama igual que mi marido. El nombre ideal, jajajajaa.
Estoy contenta. 

miércoles, 8 de abril de 2020

recuerdos de la infancia: por mis venas corre la música

Ayer puse en las redes el video de la canción de Resistiré. Y la verdad es que ha tenido una acogida sorprendente.
Lo mejor es cuando una persona me dice: se nota que corre la música por tus venas.
Y tirando del hilo, esa persona es familia mía.
Preguntado a mi hermana mayor, y haciendo mucha memoria, resulta que mi

familia paterna era muy musical. Mi abuelo tocaba la guitarra, y mi bisabuelo era el director de la banda de música de Basauri. Recuerdo una foto sepia con el traje de época de los músicos, delante del kiosko de la música.

Se llama Juan Antonio, como mi marido y  resulta que es el hijo del hermano menor de mi abuela. Y ese hermano, que creo que se llamaba Antonio, fue el padrino de mi bautizo. Y recuerdo un niño en la foto, y poco más. Imagino que era su hijo.
Del resto, me ha contado este familiar. De los viajes en sidecar desde Bilbao a Madrid, que debían de ser un espectáculo, claro.

El recuerda al abuelo Luis al piano. Yo del abuelo Luis recuerdo las broncas que montaba por cosas que los niños no entendíamos.
Era facha, a pelo. Y cuando un buen día, de niños, ya en democracia fuimos con un imperdible de la ikurriña, nos montó una bronca. Llamaba a la ikurriña, la

porrusalda (un guiso de puerros y patatas típico de Euskadi)
Otro día fuimos con un colgante de laburu y nos llamó terroristas. Mi padre se reía, pero nosotros nos asustábamos de tanto ruido por una tontería.

También recuerdo los monjes y abades que  me encontraba, a veces, en la casa. Los recuerdo bien gordos y orondos (el ayuno no iba con ellos). Y la repanocha era cuando te daban a besar el anillo, que nosotras (mi hermana mayor y yo, el resto o no habían nacido o eran demasiado pequeños), no entendíamos nada. Esas figuras oscuras, daban más miedo que otra cosa.
Recuerdo el día del bogavante. Estaba debajo de una mesa, y a mi me pareció el Krakken, inmenso con sus pinzas amenazantes.

Y recuerdo el día en que comí sesos, porque mi abuelo me dijo queso y yo confundí. Para recochineo de mi hermana. Ha sido la primera y última vez que como yo eso.

Mientras vivió, pues las estancias en Laredo, eran agradables. Iba con la criada,

Pilarín, de la que hablaré más tarde, y perfecto.
Recuerdo al jardinero, Llarrabe (abreviatura de Larrabeitia), que apenas hablaba castellano y cambiaba el género de los adjetivos y sustantivo (en euskara no existe el cambio para masculino y femenino; Se dice: perro hembra o perro macho, y el adjetivo es invariable) Era muy divertido

Precisamente yendo de Santoña a Laredo, le dio un infarto conduciendo y murió. Casi mata a un matrimonio que iba en sentido contrario.

Y decidimos irnos al chalet donde vivía él, con Pilarín. Y ahí vino el dislate. Porque las malas lenguas muy muy viperinas decían que estaba liados Pilarin y mi abuelo. Yo decía, que con aguantar al cochino de mi abuelo, ya hacía falta estómago. Me acabo de enterar que Pilarín murió el año pasado, en Cervera de la Cañada. Era familia más o menos lejana de mi abuelo.
El caso, es que le dijeron de todo menos bonita. Cuando fue al chalet a recoger algo, para tener recuerdos, se montó una hermosa. Y la pobre, se fue llorando.
Eran otros tiempos, mucho más cerrados.

Yo estaba en primero de BUP, y nos trasladamos a la casa de las 3 B: bueno, bonito y barato.
Y lo primero, hacer selección de lo que se quedaba y lo que se guardaba. Había tropecientas banderas españolas en sus diferentes maneras: pompones y demás. A la basura que se fueron. No somos de banderas, de ninguna clase en mi casa.  Igual ahora soy yo un poco más, pero no llevo en las bragas la bandera, vamos a ver.

Segundo: sección crucifijos. Había más que en un monasterio. Hubo una criba, y

algunos se fueron al camarote (como llamábamos al ático). Otro, que era el que más me divertía, se guardó en el armario donde guardábamos los juegos de mesa. Pesaba una tonelada, pero no lo parecía. La gracia, era avisar al amigo de turno para agarrar el juego, y cogía el crucifijo pensando que era liviano, y luego, se le caía la mano de lo que pesaba. Muy divertido.

Eso y los picaportes que se caían. Cuando el amigo de turno se quedaba con el picaporte en la mano, ponía una cara la mar de graciosa.

Tercero: limpiar. Mi abuelo era de la vieja escuela. No se duchaba mucho y fumaba puros. Intentaba quitar el olor con colonia de violeta. Y era asqueroso el olor. Así que colonias de violetas, fuera.

La casa también tenía inquilinos regulares: los sagutxus, o sea, ratones. Si yo creyera en fantasmas, esa casa era ideal. Se encendían las luces sin venir a cuento, se oían carreras....Los ratoncitos divirtiéndose. Descubrí que a los ratones les gusta más el chorizo que el queso.

Esa casa era heladora. Echabas humo por la boca. De tal modo, que por las noches invernales, te aguantabas el ir al baño, por no congelarte. Y claro, por las mañanas, era para reventar.
Una casa inmensa difícil de calentar. Pusimos calefacción de gasoil, con sus ladrillos refractarios y todo. Pero al final, se opta por calor en el comedor de diario, que podía trasladarse al comedor del piano.

El primer piso, nosotros entrábamos por la puerta del servicio, que pillaba más cerca de la valla de entrada grande. Había un hall, y luego, una inmensa cocina, con su despensa y todo. Una maravilla. Luego, estaba el comedor de diario, donde estaba la tele. Al lado, y ocupando casi todo el largo del pasillo, el comedor del piano. Eran dos comedores, con un arco de separación. En el primero estaba el piano, el tocadiscos, y demás, con sus butacas y otomanes. El segundo lo ocupaba una inmensa mesa, unas vitrinas y unos armarios.
Este comedor tenía otra puerta, que daba al final del pasillo a su izquierda. Había otro pequeño hall y ahí estaba la puerta oficial. Por esta salía yo a tomar el sol.
Al otro lado, el despacho, con muchísimos libros, una preciosidad. La escalera, y a su derecha, el lavadero y la escalera al garaje.
El piso de arriba era todo dormitorios más o menos grandes y dos baños: uno pequeño que no usábamos, y otro grande, inmenso. La habitación principal tenía dos estancias y era enorme.
Para mi, lo más normal era decir que dejaba los apuntes en el comedor del piano. Cosa que, obviamente no era lo más normal, para la inmensa mayoría de la gente.
Por la puerta principal, se accedía al jardín. La parte trasera de la casa había zona de todo un poco, y luego, estaba la zona de huerto, delimitada por seto.
Cuando llegamos, dejamos a los amigos que les gustaba la huerta ocuparse de ello.
Nosotros, a veces, íbamos a trabajar, con consecuencias nefastas. Cuando un año se nos ocurrió sacar patatas, acabamos con ampollas en las manos.
Otra cosa era recoger cerezas o higos, Nos lo pasábamos de lujo.

Hasta que a mis hermanos les dio por disparar con una chimbera, desde la higuera, escondidos, a la gente que pasaba. Eso era otra cosa mariposa.

Creo que los pequeños se lo pasaron mejor que las dos mayores. Hacían guerras de brevas. Construyeron una caseta con maderas que mangaban de las obras.
Jugaban a pilla pilla, por la higuera. Un día mi hermano se subió a la uralita del vecino, y ésta se hundió. Y había perros ladrando abajo. Se quedó colgando como un chorizo. Cuando me lo contaba yo me partía.

Otro día, me contaron que mi padre les dijo que derribaran la caseta. Y se pusieron a la obra. La caseta medía cerca de dos metros. Mi hermano estaba arriba sentado. Y el amigo colaborador, tiró la madera maestra. Y mi hermano Patxi se fue abajo con toda la caseta. Con lo vergonzoso que es, me contaba mi hermana Paloma, que se fue a llorar a otro sitio.

Una buena fue cuando estábamos jugando en la pared del garaje a la raqueta y la pelota se fue a parar a un montón de boñiga de gallina y conejo. Estaba crujientita por fuera, porque era verano. Y mi hermano Patxi se ofreció a recoger la pelota. Dio dos pasos, el segundo fue por inercia. Y se puso de mierda hasta las rodillas. Y va y suelta: H.... si es mierda. Nos moríamos de risa

La afición por la lectura viene de esa época. Mi padre le daba al chiquiteo como casi todos los vascos antes, y llegaba por la noche con ganas de bronca. Yo me subía al cuarto y a leer tocan
.
Lo mejor era que todo lo consideraba pornografía. Un día, viendo Se ha escrito un crimen, salió una escena  un poquito fuera de la linea, y mi padre: siempre viendo pornografía.
Veíamos a escondidas Dallas, y Falcon Crest.

Lo de las faldas, la minifalda estaba prohibida. Pero ojos que no ven..tropezón que te pego. Y en verano, me encantaba tomar el sol en bikini. Cuando asomaba mi padre, me cubría. Y tan panchos.
Con tanta represión sexual, lo que me extraña es que hayamos salido normales.


Pasé mi adolescencia y juventud en el chalet. Y hubo muy buenos momentos, con la familia. Mi hermana mayor se casó, y nos quedamos el resto.Pasando el tiempo.
Inventamos el voley globo. Poníamos una red en el comedor, y jugábamos con un globo, igual que el voley ball. En una de estas, yo rematé, mi hermana mayor me bloqueó, y se me rompió el dedo. Lo clásico, mi hermana, diciendo que era una exagerada. Al día siguiente tenía el dedo amoratado. Y mi hermana, no quería ni verlo. Lo malo fue ir a la facultad y tratar de escribir sin el índice de la mano derecha, toda una hazaña

Mi padre tocaba el piano y mi madre cantaba. Con lo cual, he heredado el cante por mi madre y el toque por mi padre. De ahí me viene la afición por la zarzuela.
Yo empecé a tocar de oído, claro, jamás he ido a clase de música. Y mi padre, tampoco es que me diera mucha clase. Cuando le pregunté por la clave de Fa, me dijo: El la es do. Y finito se acabó, a buscarse la vida. Y yo a hacer escalas y cosas de esas. Y mi hermana mayor, con un poquito de celos, dijo que yo el piano y ella la guitarra. Pero yo, culo veo, culo deseo. Y al final, mi madre me regaló una guitarra.

Físicamente no soy muy buena. Tengo dedos morcilliles, y mano pequeña, Con lo cual el giro que tengo que hacer para toca determinados tonos de guitarra es cansado. Odio el sol, por ejemplo.

Pero me divierte y es mi pasión la música. Yo quise estudiar música, pero mi padre dijo que vale, pero también a la Universidad. Y dos cosas, con mi limitado intelecto y mis pocas ganas de currar, va a ser que no pudo ser.

Pero cantar siempre lo he hecho. Tengo buen oído y mucha vergüenza. Mi padre, de pequeña, me hacía cantar. Y yo sólo recuerdo las punteras de  los zapatos de los amigos de mi padre. Mi hermana, celosilla, me decía que me lo creía porque me tocaba la garganta. No se creía lo mal que lo pasaba. Era horroroso.


Hasta que, llegó el momento de irse, porque la casa se demolió, junto con el resto del barrio para hacer un parque. Mi padre, justo durante el traslado, murió. En el chalet. Mi madre ya tenía síntomas de ELA pero nosotros no lo sabíamos. Murió al año siguiente.

Yo empecé a ir a misa, más que nada porque siempre había sido católica pero no practicaba. En la iglesia había un cura muy majo. Se juntó con que mi hermana Paloma se casaba y me necesitaba para el papeleo. Total: que acabé tocando el órgano en misa de niños.¡Quién me iba a decir por entonces, que me iba a casar, me vendría a Valencia , y que acabaría tocando la guitarra en misa!¡Qué cosas tiene la vida!

Y un día un amigo me dijo que si podía toca en el coro de Castilla León, Y entré, y luego descubrieron que cantaba mejor que tocaba, y así fue como entré en el cante.


Del chalet, queda la palmera. Recuerdo lo agradable que era dormir y oír la lluvia en la palmera. Me encanta. Y ahora, mis vecinos tienen casetas metálicas y también me encanta el sonido.

Esta entrada es a retales, así que espero que os haya gustado 

martes, 7 de abril de 2020

Ya salimos de esta. Resistiremos

Hoy estoy contenta contenta.
Por una vez en la vida, ayer no me molestó que no me pusieran Acacias para dar noticias del coronavirus. Porque vamos por fin, bajando.

Y como estoy contenta, pues me he animado a hacer un video. No estoy maquillada y esta canción no es para mi tesitura de voz. Es demasiado baja y suena regulín. Será que soy demasiado perfeccionista. Pero lo he hecho con todo corazón, porque resistiremos.
 Esta canción de Lucía Gil es preciosa, a pesar de que tiene alguna cosita que no me gusta. Esto de buscamos mil maneras de vencer la estupidez, quedaría mejor: vencer la soledad. La estupidez se vence o no según la persona y el momento.

En fin, que estoy contenta y la curva para para abajo y pronto saldremos. Y saldremos todos y cantaremos: Hemos resistido.
Pero, a las 20h recordaré siempre cuando salimos los vecinos a aplaudir, a charlar, a cantar y a estar unidos. Unidos en la fuerza que tenemos los españoles para salir de las dificultades.
Somos latinos. Cuando vi a los italianos, pensé: nosotros lo haremos mejor. Y , efectivamente: lo hacemos mucho mejor.
En Faura, se tiran petardos a las 20h y luego en mi calle  sale Carmen Ponferrada a animar a todos. Lucía, pone el amplificador en su balcón y suena Resistiré. Y Carmen haciendo de disk jockey, animando a todos.
Acabamos y aplaudimos. Y comentamos las cosas, el día a día. Y mira, por la tarde, miro el reloj, espero a las ocho menos diez y me voy al balcón. Y mira que está haciendo un frío y un tiempo repelente. Pues nada, me pongo chamarro y a la alegría del día.
Cuando se acabe, hay planeada una paella en toda la calle. Montaremos una mascletà de alegría, los músicos saldrán por fin a la calle y tocarán Paquito el Chocolatero
Estoy contenta