Parece mentira, pero ya hace una semana que estamos con Gora.
De momento, cables por lo alto, Maranta por lo alto, y cuidado con zapatillas porque las destroza.
Y el punto.... Hay que andar con cuidado. Yo pongo el ovillo con el que trabajo en una bolsa.
Con el papi, al que dejó un recuerdo de oreja mordida, con efusión de sangre. Tiene dientes como agujas y como te pille carne, hace pupa.
Esta vez le tocó meterse en la casa del gato. Ahora ya no existe porque hemos reformado el apartamento y lo hemos puesto con cajones de naranja y bastante más alto. Este árbol de gatos estaba destrozado. Ahora sólo queda la parte de debajo.¿Dónde está Gora? Eso se pregunta el gato.
Vamos por la yuca, a morder los tutores, que son de bambú. De resultas la yuca se ha torcido.
Pone cara de inocente, pero es para disimular.
No dejamos que salga a la terraza porque se come la tierra de las plantas y las propias plantas. Las que no pinchan , claro.
Es hora de espatarrarse con el papi. Una descocada es lo que es.
Mi princesa más bonita y más guerrera.
Sección gato: se cree que es un juguete y se pasa el rato detrás de él, tratando de jugar, ladrándole.
El gato, a veces huye, a veces le bufa, y muchas veces le da con la zarpa pero sin hacerle daño. Es bueno.
Otras de las veces es el propio gato el que va siguiendo a la perra a ver qué hace.
La perra se ha apropiado del juguete del gato. Muerde la madera, muerde el ratón.
Ayer le tocó la vacuna de la parvo. Mi amiga Ade conoció a Gora en la calle. Dice que parecía más grande. Por eso pongo esta foto, donde se ve la mano de mi marido, para que se vea el tamaño real de la perra.

















































